martes, 1 de mayo de 2018

Fútbol Grado Cero

Perseguir la pelota se remonta en el tiempo casi 4000 mil años según lo indican descubrimientos arqueológicos en Japón y China. Hubo también hallazgos en Grecia, Roma y la civilización maya que indican la práctica del tosco deporte a lo largo de todo este tiempo en ambos hemisferios. Hordas se juntaban con la idea de correr detrás del objeto en un duelo carente de reglas y escrúpulos. El juego, que era más batalla campal, era el catalizador perfecto para que jugadores y espectadores se olvidaran de las contrariedades de la semana por lo que siempre atrajo grandes concentraciones de adeptos. 

Solo hasta el siglo XIX la Gran Bretaña post-Revolución Industrial, que por el protestantismo había desligado las decisiones importantes del brazo clerical, fue terreno fértil para el desarrollo intelectual que refinó el ejercicio físico, la cultura, las artes y la educación académica. Ahora el juego primitivo, mucho más parecido al rugby en su funcionamiento, iniciaba en los campus universitarios de la tierra de Darwin, un proceso de selección natural entre quienes utilizaban las manos y quienes utilizaban los pies. Fue necesaria la intervención de una clase educada capaz de invertir esfuerzos y recursos en su tiempo de ocio para que rugby y fútbol definieran su identidad por medio de la práctica y el tiempo.

Así que al Reino Unido se le debe la formalización de un juego que en principio ellos practicaban sin otra norma que llevar la pelota hasta un punto determinado. Las castas educadas de Cambridge y Rugby (una ciudad con amplia vida universitaria) definieron los límites entre ambas disciplinas que grosso modo fue la prohibición de las manos para todos los futbolistas (los arqueros no existían en ese momento). A continuación se pretendió unificar la carrera de los participantes y así evitar que los delanteros permanecieran estáticos alrededor del objetivo. Vino el saque de la banda y la penalización cuando las entradas excedían un límite de dureza.

Fue inevitable la proliferación de clubes no universitarios empezando por el Sheffield Club en 1857 y el Notss County en 1862 lo que indujo a la conformación de un ente que reglamentara la práctica y que vio luz el 23 de octubre de 1863 con la fundación de la Football Association. Había nacido el fútbol. La asociación instauró la medida de la canchas, postes laterales y terminó de moldear la identidad del nuevo deporte al darle forma definitiva al balón que aún era ovalado y atraía burlas de los rugbistas que entre otras cosas consideraban el nuevo deporte muy delicado.

La Football Association crea la primera competición de la historia en 1871, la copa de la Football Association, y en 1872 se juega el primer partido internacional de la historia entre Inglaterra y Escocia con empate a cero, dos selecciones que además influencian todo el fútbol procedente con dos estilos claros y opuestos. El primero de lucha, el segundo de talento.  

La práctica se expandió como pólvora por todo el Reino Unido. De hecho, la primera copa de naciones de la historia incluye a las selecciones de Inglaterra, Escocia, Gales y una selección de fútbol de la isla de Irlanda. Un ente que reglamentara los encuentros internacionales fue necesario y así formaron la International Formation Board, estamento normativo que terminaba de unificar la práctica del deporte y de organizar la primera copa que a la postre fue ganada por los escoceses. 

En Sudamérica el deporte se disemina debido a la fuerte actividad comercial de los ingleses, que además habían cruzado el Canal de la Mancha y entraron a España por Huelva y Gibraltar donde sus marineros mantenían una agitada extracción de cobre; en Europa central y oriental el fútbol se inocula a través de Suiza, aliado de antiguas y sólidas relaciones comerciales. Puntos estratégicos habían acogido el deporte, era solo cuestión de tiempo para que se esparciera por todo el continente y el mundo.
  
La nueva práctica representaba comunidades enteras con jurisdicciones establecidas, lo que causó una fiebre asociativa que condujo al nacimiento de varias confederaciones nacionales y de torneos profesionales, el primero de ellos, el organizado por la Federación Nacional Española en 1902 y que enfrentó en la final al Club de Fútbol Barcelona contra el Vizcaya Fútbol Club que saldría vencedor. Años después sería re-nombrado como Athletic de Bilbao.

En 1904 representantes de ocho naciones europeas se dan cita en París con la excusa de presenciar el encuentro internacional entre las Selecciones de Francia y Bélgica. También charlarán sobre la importancia de crear un organismo supranacional que organice y reglamente el fútbol en Europa y el mundo. Es el nacimiento de la FIFA con la ausencia de los representantes del Reino Unido que tienen esta tendencia al separatismo, y que consideraban el nuevo estamento incapaz de reglamentar el deporte en todo el planeta. Solo hasta 1910 la FIFA recibiría petición de asociación por parte del Reino Unido, con el inconveniente de que el reglamento establecía un equipo por confederación, y ellos eran 4 Selecciones con confederación. El congreso de la FIFA, pensando en una Federación en pleno crecimiento, resuelve que cuatro selecciones son mejor que una.

El fútbol se convierte en deporte olímpico en los juegos de Londres 1908 donde Inglaterra alcanza la presea dorada, como lo haría cuatro años después en Estocolmo. Las olimpiadas proporcionaban un comedido pero prometedor Campeón del mundo, como después lo sería Uruguay dos veces consecutivas, de ahí que su escudo ostente cuatro estrellas aunque hayan ganados dos mundiales, y que las tribunas del Estadio Centenario se llamen Colombes y Amsterdam, ciudades que albergaron los olímpicos en los años que Uruguay se llevó el oro.

El fútbol convertido en deporte olímpico había abierto el espectro de participación a todo el mundo, se había convertido en un escenario mucho más amigable para las confrontaciones nacionales que los campos de batalla. Después de los primeros juegos olímpicos del siglo se plantea para la FIFA un liderazgo global capaz de unir en el fútbol lo que estaba separado por la política. Cuando el deporte está listo para una primera competición al comando de su ente rector, los fuegos de la guerra estremecen toda Europa y hacen posponer el torneo hasta 1930, Uruguay organiza el primer mundial de fútbol. 

lunes, 5 de marzo de 2018

Liga resuelta

Como siempre el Barca - Atlético fue un partidazo, como siempre dos equipos fieles a su estilo, cada uno muy diferente al otro, cualquiera pudo haber ganado pero como siempre el Barca sacó ventaja, como siempre por una genialidad del 10.

Parece que la herencia Guardiola en el Barca será perpetua, o por lo menos hasta que sus filtros de entrada y salida sean Busquets e Iniesta. El Barca desde el primer minuto a poner condiciones, a adueñarse del ritmo del partido y a imprimirle velocidades. 

Al frente un equipo diseñado para contrarrestar ese estilo. Si Busquets e Iniesta irradian el estilo del Barca, Godín y Josema Jiménez (uruguayos además), Filipe Luis, Gabi, Koke y hasta Costa definen un estilo recio, de empuje, uno que copa toda la mitad de la cancha, que presiona en bloque y se releva en ataque y defensa. 

Ver un Barca - Atlético es el juego de descifrar si la estantería catalana será capaz de expugnar la fortaleza colchonera. Por lo general, desde que el Cholo dirige las huestes del Atlético les resulta casi imposible. Se requiere de un arma lo suficientemente poderosa para alterar un planteamiento táctico que es fiel al estilo de Diego Simeone cuando era jugador de fútbol, es decir, la actitud sobre el planteamiento táctico. El Barcelona cuenta con esa arma y por eso ganó. Como resumió Simeone después del partido "Si le poníamos nuestra camiseta a Messi, ganábamos nosotros".

Las cargas estuvieron tan parejas que solo una bola quieta desequilibró el partido, un chanfle de Messi al ángulo, inatajable, de esos que al mirar en cámara lenta se observa como el efecto va yendo hacia afuera, alejándose del rango de acción del arquero a medida que avanza, igual que una bola de billar. Messi además tiró un túnel, tuvo tres o cuatro de esos cambios de velocidad que dejan plantado al defensor y fue pasador. Messi, simplemente Messi.

Los blau granas se aseguran el título con esta victoria sobre su más cercano seguidor. Hay que decir las cosas como son, el Atlético es el segundo mejor equipo de la Liga BBVA, es casi inverosímil que el Barca ceda los 8 puntos que ahora los separan entre sí. La de ayer era la final y la ganó el Barca.  

viernes, 2 de marzo de 2018

Debut más agrio que dulce para Colombia en la Libertadores 2018

Esta semana debutaron los cuatro equipos colombianos en Libertadores, con un saldo más agrio que dulce, 5 puntos de 12. De los 4, los tres que fueron locales fueron incapaces de ganar, mientras que Nacional se llevó la victoria de visitante.


Sobre el papel el grupo de los verdes es el menos competitivo, y el partido del pasado martes era el que en teoría representaba más dificultades, aunque Colo-Colo fue un equipo limitado, sin variantes de ataque, dependiente del talento de Valdivia que se ve solo en un equipo estático. Nacional fue inteligente, esperó en 3/4 de cancha y metió una de las que tuvo. Los chilenos carecieron de respuestas futbolísticas y fueron incapaces de imprimirle el vértigo que requiere un partido que se va perdiendo y de local. Nunca el trámite pareció anticipar un empate de los chilenos y ahora Nacional parece un fijo en octavos de final.

Millonarios se la vio con un equipo de mucho más oficio como Corinthians, un equipo que jugó a lo que juega la Selección Brasil, a entregar la pelota y esperar que el rival juegue todas sus cartas para salir y golpear. Millonarios es un equipo corajudo, que corre todo el partido y se para bien en defensa, pero al que le falta talento para atacar. En la segunda mitad Millonarios llegó hasta donde Corinthians permitió. El Timao fue un equipo corto, con dos puntas que corrían a balones al espacio, mientras que el juego de Millonarios incapaz de generarse en sus mediocampistas, tuvo que gestarse desde sus defensores y ese es un problema. Un empate justo por el trámite del partido, amen de un palazo de Corinthians en la segunda parte, y la calidad de ese arquerazo que es Faríñez. Ar-que-ra-zo.

Por la derrota 0-3 de Junior con Palmeiras es culpable Germán Gutiérrez que se hace expulsar por tirar una patada al pecho en los primeros 10 minutos del partido, pero también Alexis Mendoza, DT del Junior, al no restablecer inmediatamente el hueco en defensa, que fue por donde entró el primer gol de Palmeiras. Con un jugador menos y el marcador abajo, el partido ya presagiaba en 20 minutos lo que finalmente sucedió. 

Santafé cometió un error individual que le costó el empate y a partir de ahí fue un mar de nervios; la sacó barata en el partido que en teoría era el menos complicado. Con el marcador empatado, Santafé se partió totalmente, había como 20 metros entre línea y línea, lo cual permitía que todos los rebotes fueran de Emelec, un equipo recio, fiel al estilo ecuatoriano de potencia física y corpulencia. Cuando Santafé necesita ir al frente pierde los papeles y ataca como puede, es decir tirando bolas entre líneas separadísimas, lo cual implica que los receptores siempre van a recibir el balón de espaldas, y que el trabajo del rival va a consistir simplemente en anticipar. Le falta mucho trabajo a Santafé.

Ahora toca recuperar los puntos perdidos en partidos que por pergaminos serán mucho más difíciles, Santafé con River, Millonarios con Independiente y Junior con Boca Juniors, todos en Buenos Aires; Nacional recibe a Delfín (así se llama) de Ecuador. Nada en el fútbol está escrito pero el futuro de los 4 empieza a tener contornos claros.

Gracias comentaristas deportivos colombianos

Como usualmente sucede, la transmisión de Millonarios-Corinthians, la de Santafé-Emelec y la de Junior-Palmeiras resaltó por su calidad técnica y por la pobreza en el análisis de sus comentaristas. No me sorprende en absoluto, de hecho es normal que los periodistas deportivos en Colombia, a excepción de dos o tres, no tengan ni idea de fútbol.

Particularmente, cuando veo una transmisión me gusta que los comentaristas revelen situaciones del partido que yo fui incapaz de percibir, y que como "expertos en fútbol" están calificados para identificar. Pero eso no sucede. Los comentaristas son incapaces de analizar un partido con algún grado de profundidad y terminan describiendo lo que es evidente o rellenando los espacios vacíos que deja el narrador con frases refrigeradas. Por ejemplo, si hay muchos centros, un comentarista colombiano promedio diría "hubo centros" (no falta el que dice "hubieron" centros), lo cual resulta bastante patético e innecesario.

Tampoco los culpo. No es fácil leer un partido, para desentrañar las dinámicas que rigen un juego se requiere haber visto mucho fútbol y ese no es su caso. Pero la situación se ha hecho tan impune que he aprendido a conformarme, a simplemente pasar por alto todos sus comentarios y hacer de cuenta que son un hincha más que tiene derecho a decir lo que quiera. 

Pero eso no es todo. Estoy resignado a que un comentarista en Colombia no haga un análisis clarificador, a que no contribuya con datos importantes (mucho menos que los sepan), así que simplemente me conformo (o he aprendido a conformarme) con que comenten lo que ven. Pero ni eso pueden. Los comentaristas colombianos son desatinadísimos, como si estuvieran transmitiendo otro juego. Dicen cosas que no concuerdan con el desarrollo de los partidos, y como el público en general hace lo mismo, es decir, dar por sentado que no hay nadie hablando, los comentaristas cada vez tienen menos control y dicen lo que se les canta. He terminado por bajarle el volumen y presenciar transmisiones perdiendo el sonido ambiente que es un ingrediente importantísimo del fútbol. Todo con tal de no aguantar las irrealidades con las que salen.

Supongo que en el fondo me corroe la cochina envidia de que un tipo o mujer que no sabe nada de fútbol viva de comentarlo, que los lleven a cubrir partidos nacionales o internacionales, que tengan acceso a estadios, a la grama, a los camerinos, a interactuar con los jugadores (por respeto a sus familias no diré nada sobre las preguntas que les hacen antes y después de los partidos), y todo eso a mí me encantaría, vivir del fútbol, tener una entrada económica y que Win Sports, o Fox Sports, ESPN, RCN o Caracol, me pagaran a mí en vez de pagarles a esos sujetos que solo dicen cosas por decirlas. Así que lo admito, es envidia de que una gente que no sabe de fútbol viva de hablar de fútbol.

Yo sé que es muy hijue#@$&% culpar a un empleado por lo simplón de su trabajo y mucho más exhortar a sus jefes a ejercer más control.  No es eso lo que pido (a menos que me busquen a mí). No es necesario prescindir de sus servicios, sí hacerlos caer en cuenta de todas las incoherencias y contradicciones en las que caen. Que por favor los jefes de recursos humanos consigan un experto, o alguien que sepa medianamente de fútbol, y con cuidado examinen al azar cualquier transmisión para identificar la cantidad de disparates que dicen por partido. Notarán que no es mentira lo que digo. 

Por otro lado, en el fondo también agradezco su incapacidad de análisis, o sus análisis triviales, porque me han exhortado a hacer mi propio análisis. Y por favor no se malinterprete que soy prepotente y que me ufano de mi conocimiento futbolístico; es solo que he visto mucho fútbol en mi vida y por haber puesto gran parte de mi ocio en él, he desarrollado la capacidad de por lo menos identificar las dinámicas más decisivas en un partido, además no me las invento.

Así que la incapacidad de los comentaristas en Colombia ha sido el puntapié inicial de mis propios análisis. Gracias. Empezaré con el debut de los equipos colombianos en Copa Libertadores 2018.

Malos jugadores

Una de las 1000 razones que hacen de Lio Messi el mejor de la historia, me atrevo a decir la más importante, es su amor al fútbol. Desde que veo este deporte en cualquiera de sus formas recuerdo pocos jugadores que disfrutaran tanto con el balón a sus pies. Es una idea en apariencia simple pero nada superficial. Hay otros jugadores que también aman el fútbol, pero aman más ganar en el fútbol, lo que constituye una visión y por ende una manera de vivir el fútbol diametralmente opuesta. 

Messi juega para tener el balón en su poder, para sentir el placer de tocarlo con su pie una y otra vez. Entonces en una carrera Lio busca lo que quiere, no importan las patadas, las zancadillas, los halonazos en la camiseta cuando deja rivales desperdigados, su objetivo es no despegarse del balón. Su amor es la pelota y salvo una entrada que realmente lo desestabilice él seguirá corriendo como el niño que corre detrás de su juguete.

El amor a ganar es otra cosa. Amor a ganar es el caso de Luis Suárez, de Robben, de todos los jugadores que se atreven a ensuciar el deporte con una "picardía". Aunque tengan las condiciones para ser número uno, jamás lo serán porque la condición más importante es un amor a la pelota más fuerte que cualquier otra cosa. Querer ganar los ha hecho inventar faltas, perder tiempo deliberadamente, pegar, pegar y hacerse la víctima, engañar a un defensa que fue a hacer su trabajo y terminó siendo timado por la mala intención de jugadores como estos.

Todos ellos serán siempre segundones. Porque al hacerlo, inconscientemente aceptan no ser ni estar lo suficientemente capacitados para ganar con talento, ellos dan por sentado que los medios justos son insuficientes y en consecuencia requieren de comportamientos como estos, totalmente extradeportivos. Solo logra ser mejor quien cree que puede ser el mejor. 

Si yo fuera Director Técnico y mi delantero finge un penalty, aunque no lo piten, yo lo sanciono tres fechas y me importa un carajo que sea la estrella. Como se atreve a enviarle ese mensaje a sus compañeros, a ensuciar mi amado deporte. ¿Cual es el mensaje de un jugador que a pesar de las patadas y las faltas continúa hasta donde puede? El mensaje es vamos a dar lo mejor de cada uno, vamos a demostrar con fútbol que somos mejor equipo. El mensaje de quien se tira es "no podemos, no somos capaces, esperemos que esto sirva de algo".

Así que más trabajo desde el cuerpo técnico con la formación de personas, es por su propio bien. Vamos a censurar esto desde el cuerpo técnico y no a esperar que sea castigado desde la comisiones arbitrales. A fin de cuentas se trata de no mentir, y si nadie dice nada, significa que todos son convenientes, que no hay integridad y que están dispuestos venderse al mejor postor. ¿Alguna vez vieron tirarse a Messi? Yo no.

En defensa de Ney

En estos días le tiraron a Neymar un balón de 40 metros, el tipo ve venir la pelota, se gira y la baja con la espalda, cuando el balón está muerto, le mete el pie por debajo y le tira un globo a un defensa que de inmediato lo agarra de la camiseta y detiene la jugada. Así debería responder cualquier jugador, o cualquiera con algo de sangre en las venas. El rival acometido actuó como correspondía.

Los actores externos, es decir todos los jugadores alrededor, técnicos, directivos, hinchas, periodistas, todos, deberían ponerse de pie y aplaudir que existan jugadores como Neymar con la capacidad de convertir el fútbol en espectáculo, de convertir en magia una jugada que no anticipa mayor cosa. 

Sin embargo hay "amantes del fútbol" que critican eso. Que les molesta que haya un jugador que se salga de las normas e incluso hablan de "falta de respeto", y se atreven a utilizar palabras como "payaso", "ridículo", "sobrado". Por jugadores como Neymar es que el fútbol es bello. No voy a negar que a veces peca de dramático, pero lo que hace cuando tiene el balón en los pies es espectacular (o en la espalda), continúa la cadena brasileña del talento, del amor a la pelota que nos hace correr a ver la jugada. Gracias Brasil por eso.

Que haga una y mil de esas, que las haga en el minuto 1 y en el minuto 90, que sea irresponsable, que se divierta lo que más pueda, Neymar y todos los amantes del fútbol, porque finalmente eso solo lo hace un amante del fútbol; que tiren tacos, que hagan malabares, que hagan valer cada centavo que un hincha paga por ir a verlos a la cancha. Ante una jugada así estoy de pie y con las palmas rojas de aplaudir. Mucha fuerza a Ney en su recuperación. El fútbol lo necesita en su fiesta más importante.


martes, 6 de febrero de 2018

Idiosincrasia del fútbol sudamericano

El fútbol fue inventado por los ingleses que además tuvieron la gentileza de traerlo a Sudamérica cuando estaban invadiendo el mundo. Sus marineros obligados a hacer algo con el tiempo de ocio decidieron recrear el deporte que practicaban en su isla natal pero que aún no terminaba de tomar forma. Eso que al comienzo era una exclusividad europea, con el tiempo fue diseminándose por el continente en el alba de sus repúblicas. Comenzaba una historia de amor.

En Sudamérica el deporte se redefine. Sus habitantes naturalizaron el juego que se convirtió en estilo de vida. Desde entonces las generaciones nacen, crecen y viven alrededor del fútbol. Un sudamericano en un día promedio puede ir a jugar fútbol, jugar play station (fútbol), leer prensa o ver noticias sobre futbol local o mundial, ver algunos partidos por televisión y quien realmente se especialice, le dedica tiempo a partidos históricos, estudia, lee o escribe sobre fútbol. 

Alrededor del deporte se ha creado una memoria colectiva nacional, es decir, cada país en Sudamérica juega a su manera, está en su adn. Estas fórmulas que son más instintivas que conscientes, más naturales que tácticas, son el resultado de las coyunturas de cada nación fusionadas al fenómeno deportivo. El resultado de ese sincretismo cultural ha sido unos estilos definidos de jugarlo que a la postre les permitieron erigirse como la vanguardia del deporte. Al día de hoy cada sudamericano apela a estas formas de juego, no por producto del aprendizaje, sino echando mano de una herencia que siente el deporte como parte de su vida. Así por ejemplo, hay valores que se construyen a partir del fútbol, por nombrar algunos, sentimientos de arraigo hacia la nación, ciudad o barrio.

Sobra decir que estos estilos no son camisas de fuerza y que cualquier generalización es un despropósito, sobre todo si hablamos de un deporte que cautiva por ser impredecible. Estos patrones de cada asociación, ligeramente más proclives a encontrarse en fútbol de selecciones que de clubes, responden a circunstancias territoriales y republicanas que van forjando identidades nacionales.

Brasil es la diversión, el baile, el fútbol como juego, la técnica excelsa que inevitablemente desmboca en juego bonito. Está tan naturalizado en su información genética, que los brasileros no tienen que aprender a jugar, ya nacen con la habilidad incorporada de pegarle a la pelota, de pararla, de poner el pie como tiene que ser. He conocido casos de brasileros reacios al fútbol pero con la habilidad congénita de jugar con la pelota como si fuera una extensión de su cuerpo. Si los brasileros se están diviertiendo en cancha, aunque sean pocos, ya es indicio de que van a ganar porque además, sí que saben lo que es ganar. 

Uruguay es la garra. Uruguay no juega bonito, ni siquiera se caracterizan por una táctica ferrea o gran calidad técnica. Uruguay juega a ser incómodo, a fastidiar, a hacer que el rival tenga que correr más de la cuenta. Juegan sin la pelota, invitan a que el otro equipo utilice todos sus cartuchos y cuando eso pasa, en el uno-a-uno llevan las de ganar. Cuando atacan, tiran una pelota larga y todos van a lucharla como si fueran un equipo de rugby. Se ubican estratégicamente esperando que el rebote les favorezca y sí que les favorecerá. Todos son cazadores esperando que el balón pase cerca, como un depredador acechando la presa. No van a definir con clase excelsa, van a romper el arco. Si no van a ganar, dejan claro que no será fácil derrotarlos. Así son la Selección más ganadora de la historia. Un país de 3 millones de habitantes es el epítome de un estilo del que cualquier equipo de fútbol debería nutrirse.

Argentina es el talento y la comprensión del juego. El jugador argentino conoce bien su posición, responde a cualquier planteamiento táctico y comprende que quien maneja los tiempos del partido maneja el juego en general. Es por eso que pueden tocar la pelota durante minutos sin otro propósito que dejar en claro que a ellos les pertenece el ritmo y por ende el juego. Siempre hubo un argentino que entendió mejor que nadie las características de su posición. Además siempre tienen un valor agregado. Un Maradona, un Riquelme, un Palermo, un Crespo que marca la diferencia. Messi es otra cosa. 

Colombia es el buen trato al balón. Les gusta tenerlo en los pies, lo que a veces juega una mala pasada. El fútbol colombiano, al no estar acostumbrado a ganar, sufre embates de mentalidad cuando juega por cosas grandes. Concretamente, mentalidad significa tener la claridad de levantar la cabeza y tomar la mejor decisión cuando las altas instancias de un torneo tienden a nublar la mente. Mentalidad es por ejemplo el cuarto gol de James Rodríguez contra Japón en Brasil 2014, tener la sangre fría de pinchar la pelota cuando sale el arquero al final del partido. 

Paraguay es letal tirando centros por arriba y por abajo. Siempre han tenido laterales que van al ataque y por eso sus delanteros y volantes siempre están esperando el centro, como lo han esperado desde que juegan fútbol. Ellos sí que saben resolver un balón que viene de costado. Se sienten cómodos cada que el balón abandona la banda y empieza a internarce en el área, si viene por arriba mucho mejor. Esa es su identidad, en eso es que son buenos y así han ganado lo que han ganado. 

Bolivia es el signo claro de que acá se juega el mejor fútbol del mundo. No porque sean grandes, sino porque siendo los menos talentosos a cualquier grande le pueden ganar. De hecho me encantaría que algún día Alemania, España o Francia visitaran el Hernando Siles Suazo. La media y larga distancia boliviana ha sido un arma letal contra todos los equipos. La Paz, su escenario antes inexpugnable a 3200 mts, es una invitación a pegarle de lejos al arco. Al haber menos oxígeno, hay menos resistencia al balón. Algunas personas dicen que la altura es un mito, no lo es. Menos oxígeno en el cerebro significa menos lucidez para tomar decisiones. Si a La Paz se llega sin un plan definido, la derrota puede ser paliza. Goles de larga distancia le han marcado a todas las selecciones, a todas las han derrotado. Obviamente su fortaleza es solo local, los números desavalan todas sus campañas visitantes. 

Peru siempre ha jugado buen fútbol pero tienen un problema casi patológico de definición. Son hábiles, técnicos, pueden llevar el ritmo del partido pero se desconcentran fácilmente y después les toca remontar resultados. Necesitan un motivador que les haga creer lo buenos que son. Cuando hubo líderes, hubo resultados.

Ecuador es la robustez física. Desde el 2002, primer mundial en el que participaron, sus jugadores son recios, velocistas que aniquilan con un balón al vacío o laterales que salen disparados. Hasta la última eliminatoria esa seguía siendo su apuesta que solo ha encontrado pausa con Alex Aguinaga. Si uno revisa sus selecciones clasificadas a mundiales, encuentra un patrón de corpulencia física que tambíen se haya en clubes que han sobresalido como la Liga Deportiva de Quito o el Independiente del Valle.

Chile a diferencia de los anteriores no ha conservado un estilo fijo. Su generación más exitosa se ha caracterizado por un ataque a un solo toque, vertical, presionando en cuatro cuartos, esa es la herencia de Bielsa y Sanpaoli, un equipo que compensa su escaso promedio de estatura con agilidad y juego colectivo. Es diferente de la otra generación recordada, la de Salas y Zamorano, dos cabeceadores natos. El fútbol de Chile debería tomar el estilo actual y promoverlo en sus jóvenes, fomentarlo en sus divisiones inferiores como una semilla para mantener ese ataque incisivo, desgastante, efectivo.

No es casual que Venezuela sea el más chico. No ha forjado un estilo que los identifique, uno que se practique instintivamente, llamemos "nacionalmente". Sus Selecciones han jugado de acuerdo a sus plantillas y posibilidades. Siempre ha sido una Selección con más futuro que presente. Se viene una camada de subcampeones del mundo. Tienen además un uniforme muy bonito.


En Sudamérica el fútbol se mezcla con la vida y por eso es un reflejo de lo que somos, de quienes somos. Basta con ver a nuestras selecciones nacionales y nuestros clubes para entender como afrontamos la vida en esta parte del mundo. "Entrenar" pareciera a veces exclusivo de esos que entienden el fútbol como algo artificial que comienza cuando comienza el entrenamiento o el partido. Para Sudamérica fútbol es niñez, adolescencia, proyecto de vida, una o muchas noches sin dormir, una cosa que excede las palabras y se queda sin explicación. Esa me parece una buena definición de pasión.

domingo, 28 de enero de 2018

El otro lado de la cortina

Aunque el fútbol de Europa Occidental siempre ha acaparado los titulares de la prensa mundial, el otro lado de la cortina también ha jugado fútbol digno de recordación. Naturalmente no han ganado lo que han ganado sus vecinos, pero dos copas de Europa (actual Champions), tres Copas de la UEFA y dos Eurocopas dan cuenta de una cultura futbolística que durante años fue reconocida por su calidad y que incluso llegó a jugar finales de Copa del Mundo cuando Hungría alcanzó la última instancia en 1938 y 1954. 

Esa selección húngara durante casi tres décadas fue el rival a vencer en Europa y el mundo. Entre sus gestas está haber contado con jugadores estrella en las mejores ligas del mundo, haber ganado 3 medallas de oro en Juegos Olímpicos (los que se dicen fueron los primeros mundiales) y haber propinado las dos goleadas más abultadas en la historia de la Copa del Mundo. Los Magiares le pasaron por encima a El Salvador y Corea del Sur, 10-1 y 9-0 respectivamente. Los 50's fueron la última década gloriosa para los húngaros que hasta el día de hoy han estado muy por debajo del primer orden. 

De ese mismo periodo proviene la Eurocopa ganada por la URSS, país que además ganó tres balones de oro, uno de ellos para el único arquero condecorado con esa distinción, Lev Yashin, la araña negra. Casi medio siglo después como clubes rusos, el CSK de Moscú y el Zenit de San Petesburgo ganaron cada uno Copa de la UEFA. Ahora se preparan para organizar una Copa del Mundo en la que alcanzar segunda ronda sería todo un logro. 

Corrida la cortina de hierro el fútbol de Europa Oriental cayó en un bache propio de países asolados por la guerra y economías inestables. Jamás su juego volvió a ser lo mismo y por supuesto tampoco sus resultados que han sido eclipsados por su contraparte occidental, particularmente después de la Perestroika. Los regímenes comunistas hacían hincapié en la formación física de sus ciudadanos y por supuesto en sus representaciones deportivas. Ese apoyo perdió sustento con la implementación de un nuevo modelo económico, lo que se vio reflejado no solo en el fútbol sino en disciplinas en las que siempre fueron potencia como la gimnasia. 

Hubo sin embargo algunos puntos que niegan esa realidad y que por momentos hicieron recordar ese pasado esplendoroso de esa parte del mundo. El rumano Hagi era un crack, una técnica tremenda, zurdo con media y larga distancia, hizo muchos goles. Como lo sufrió Colombia. La selección de Rumania de los 90s, de la que él era capitán fue increíble. Los -escu, Lopescu, Popescu, Petrescu, Dumitrescu. Jugaron 3 mundiales maravillosos y en todos la gloria se les escapó por un pelo. Además el Steaua de Bucarest fue el primer club de Europa del Este en ganar la Copa de Campeones de Europa en 1986, lo que constituye un hito en la historia futbolística de ese país.

Y si hablamos de los 90's Bulgaria debe estar ahí. Hristo Stoicoff comandó la mejor generación de su historia. Clasificaron a USA 1994 en una eliminatoria increíble que se decidió en el último partido en Paris. El empate le servía a Francia para volver a un mundial después de haber faltado a la Copa anterior en Italia. Al minuto 90 Bulgaria terminó de darle vuelta al 1-0 en contra y ganó 1-2. Hicieron un mundial formidable donde ocuparon el cuarto lugar. También asistieron a Francia 98 pero fueron una decepción. Aparte de Dimitar Berbatov no han vuelto a sonar.

En 1991, exactamente durante la desintegración de Yugoslavia, es decir durante la guerra de Yugoslavia, la Estrella Roja de Belgrado se coronó campeón de Europa con nombres como Proscinecky (el croata), Mihalovich (el serbio), Belodedici (el rumano). Después del baño de sangre, de todas las nuevas repúblicas, Croacia es la única que ha luchado por permanecer en la élite del fútbol europeo. Inolvidable su mundial del 98 en el que eran debutantes y quedaron terceros. Suker un pescador. La final se les fue en un parpadeo porque incluso iban adelante en el marcador en esa semifinal contra Francia que después se coronaría campeón. Han producido enormes jugadores, de hecho, la clave de ese Real Madrid que todo lo ganó durante dos años, además de Cristiano, era Modric. Una clase ese muchacho. Hay que decir también que esa camiseta ajedrezada es hermosa. 


El último gran referente de Europa Oriental puede ser el ucraniano Shevchenco. Con el Milan ganó todo lo que jugó, fue balón de oro y llevó a su selección al único mundial de su historia donde hicieron una presentación bastante decorosa. La terna de clubes orientales europeos con Copa UEFA la completa el Shaktar Donetsk que alcanzó el título en el 2009. 

Capítulo aparte para la Selección griega campeona de la Euro 2004. Nos recuerda que en el fútbol no hay nada escrito y que es impredecible, que intentar explicarlo es perder el tiempo. Que esos programas de opinión en los que se hacen aseveraciones infalibles y se culpan a técnicos o jugadores por salirse de la lógica son una real estupidez. Con todo su conocimiento de comentaristas y periodistas "expertos" (excluyo en Sudamérica a 3) no pudieron predecir que Senegal le ganaría a Francia, que Colombia le metería 5 a Argentina, Chile 7 a México, o que Grecia sería campeón. Un recordatorio de que un equipo debe jugar a resaltar sus virtudes, como Grecia que se sabía limitado, corajudo, con buen juego aéreo y férreo bloque defensivo. Catorce años después yo sigo celebrando esa Eurocopa.

La pasión de los hinchas, clásicos de renombre mundial como Partizan-Estrella Roja, Olympiakos-Panathinaikos, Galatasarai-Fenerbache, una historia de buen fútbol y jugadores excelsos son la prueba de que el fútbol en Europa Oriental es tan amado como en Europa Occidental o Sudamérica. Eso es lo más importante. A la hora de jugar fútbol la pasión va primero, la formación es un complemento. Quedan servidas algunas preguntas y quedan servidas sus respuestas. ¿Volverá algún día ese esplendor del periodo comunista, u ocasionalmente aparecerán equipos competitivos? Lo segundo. ¿Serán capaces de ganar cosas importantes? Es improbable, aunque en una región donde el fútbol es pasión, cualquier cosa puede suceder.

lunes, 5 de junio de 2017

Carta enviada a Ramón Jesurún, Presidente de la Federación Colombiana de Fútbol

Estimado Señor Jesurún

Estoy con la Selección desde 1992. Me declaré hincha en el primer partido de Barcelona 92 contra la España de Guardiola y Luis Enrique que perdimos 4 - 0. Desde ese día la apoyo porque me representa como ciudadano del país, porque en ella deposito parte de mi arraigo a esta tierra y porque es una de las mejores embajadoras de esta nación turbulenta. Cuando los tiempos son difíciles la Selección es una motivación, es el optimismo en la tierra expresado en su fútbol, la reunión de todos los ciudadanos en un mismo propósito. A pesar de algunas celebraciones lamentables la Selección reivindica nuestros mejores valores como sociedad.

La reciente convocatoria de Pablo Armero a la Selección, o la convocatoria sin una disculpa pública, sin una posición oficial por medio de un comunicado o una rueda de prensa en contra de la violencia doméstica, va en detrimento de todas las bunas razones que acabo de nombrar. El mensaje que se envía desde la Selección Colombia al ciudadano promedio es "está permitido pegarle a la mujer siempre y cuando sean buenos profesionales".

No creo que sea necesario citar las estadísticas por violencia doméstica en Colombia y todo lo que representan. Sí cabe recordar la responsabilidad civil que nos atañe como integrantes de una comunidad y que debe traducirse en repudiar cualquier forma de maltrato familiar, mucho más la Selección con su poder de convocatoria. El poder implica responsabilidad y por eso ustedes no pueden pasar por alto este desacierto. Usted y todos los miembros hombres de la Federación, son hijos, esposos, padres, amigos, hermanos.

La Federación y la Selección no pueden permanecer en silencio. Al no pronunciarse, la Federación es cómplice de un acto infame, un acto que está en contra de todos los buenos y malos recuerdos que tengo de ese equipo y del fair-play que promueve la soberanía de los valores humanos sobre los resultados deportivos. El punto no es que lo convoquen, el punto es convocarlo y no plantear una posición clara de rechazo a la violencia en el hogar y de apoyo a las víctimas.

Por otro lado, es una oportunidad magnífica para que la Selección encarne activamente los buenos valores que ya representa de facto en la sociedad. El incidente en cuestión puede ser aprovechado para combatir las cifras por violencia doméstica en Colombia si la Selección en general se convierte en abanderada del respeto familiar y el cuidado a la mujer. Que la Federación ejerza un liderazgo con impacto social positivo y el evento sea catalizador de un movimiento que abogue por el respeto y el buen trato.

Entiendo que traer a colación un evento polémico y que "fue superado" no es recomendable. Creo sin embargo que actuar con rectitud y principios humanos debe hacer parte de la constitución de la Federación Colombiana de Fútbol y de toda organización regida por el estado de derecho. Debo comentarle a modo de confidencia que desde la convocatoria en cuestión, cada caso de violencia familiar que llega a mis oídos me hace pensar que la Selección y la Federación no tuvieron las agallas de plantear una posición clara de rechazo sin ni siquiera pedir disculpas. Faltó en la dirigencia eso mismo que en la cancha la hinchada pide a los jugadores.

El reclamo de esta carta es mucho menor al llamado a actuar, a pronunciarse, a dejar en claro que los buenos somos más y que hacemos cosas buenas. Desde 1992 jamás he acumulado un recuerdo que amaine mi apoyo incondicional y este no puede ser el primero. Confío en que meditarán el asunto, se pronunciarán y tomarán las acciones propias de una Federación líder con iniciativa en favor del país, sus ciudadanos y ciudadanas. 

viernes, 21 de abril de 2017

Ese patrón del Real Madrid

Hay dos modelos en cuanto manejo de personal. El “humanista” que da prelación al ambiente laboral, la estabilidad, la antiguedad, la comunión entre sus integrantes; y el modelo “pragmático” de competencias y logros que se renuevan en la prontitud posible por la urgencia de resultados. El primer modelo es para empresas de crecimiento estable, de logros lentos pero seguros que crean una atmósfera saludable en la que sus empleados pueden desarrollar todas sus destrezas por sentirse cómodos; el segundo es más vertiginoso, se alcanzan más resultados en menor tiempo y de mayor alcance, pero sobre esas empresas el rigor del fallo es más intenso si los frutos no son los esperados.

El Real Madrid ejecuta el segundo. Su facturación, que lo corona lejos como el equipo más popular del mundo, le permite vender merchandising donde quieran, contratar sin problemas a quien quieran y sin problemas también desechar a quien quieran. No importa que durante la gestión de su presidente Florentino Pérez el Barcelona haya ganado tres veces lo que ellos han ganado. El ranking de la UEFA los sitúa primeros y primeros son sus números extravagantes.

No importan tampoco los niveles individuales superlativos ni las goleadas con las que aplastan a los demás. Permanecer en el Real Madrid está más allá del rendimiento deportivo. Si no (la siguiente es una corta lista de jugadores que salieron en el cenit de su carrera) qué pasó con Ozil, Di maría, Kaká, Essien, Higuaín, Adebayor, Van der Vaart, Xabi Alonso, Casillas. Qué pasó con Mourinho, mejor entrenador porcentualmente hablando de la historia del club, o Ancelotti, ganador de la esquiva décima Champions, o hasta Rafa Benitez que a pesar del ridículo en la Copa del Rey por la alineación de un jugador inhabilitado, días antes de su destitución le había metido diez goles al Rayo Vallecano y contaba con todo el apoyo de la junta directiva.  ¿De qué forma se explica la contratación de “Chicharito” Hernández y su despedida un semestre después? La respuesta está en el número de camisetas vendidas en México y EEUU con un “Chicharito” en el espaldar.

Los hinchas y sobre todo la prensa madrilista se han apropiado del modelo corporativo y silban si el equipo no golea, si no juega bien, si no hay espectáculo, si no hay caras nuevas y si las caras nuevas no son las más mediáticas. De ahí que sea un equipo sin ídolos. Fácil llegan, fácil se van. ¿Qué se puede esperar si Cristiano Ronaldo ha salido chiflado del Bernabeu? Y no es el primero. La era de los galácticos, la de Zidane, Ronaldo, Figo, Beckham también tuvo tardes de insulto y silbatina. Diría que el último gran ídolo fue Raul y de eso hace diez años. Si no hubiese sido canterano también habría salido por la puerta de atrás.


Yo prefiero el fútbol amateur. El de grandes logros inesperados. El de los equipos con ídolos al estilo Gerard en Liverpool, Buffon en la Juve, Maldini en el Milan o Tévez en Boca. Me considero fanático del jugador que no se vende, el que se queda por simple sentido de pertenencia y al que la gloria le suena más que los millones. Hay más valor en ser campeón con el menos grande porque implica más superación. Tengo que nombrar al Leicester City, que después de haber luchado la permanencia en primera se convirtió campeón en la liga más competitiva del planeta. Eso es fútbol, eso es mérito y merecen todos los aplausos de quienes amamos este deporte. El Madrid puede hacer lo que quiera con su dinero, pero no puede comprar fútbol, solo desentendidos del deporte que adquieren una marca o hinchas que con seguridad abandonarán el barco si la situación un día se complica.

Naturalmente hace décadas que la dinámica del fútbol se supedita al dinero alrededor, es solo que el Real Madrid lleva ese patrón al extremo de convertir sus jugadores en cifras, de deshumanizar. Para los fanáticos del Real Madrid el fútbol debe consistir en mantenerse como celebridad mediática en detrimento del hecho de ser una institución deportiva. Eso no está mal de ningún modo, pero no estoy de acuerdo en rescindir contratos o en no renovarlos cuando algunos jugadores y cuerpos técnicos están en el pináculo de sus rendimientos deportivos. Que quede claro que el modelo “pragmático” de empresa no solo es importante, si no necesario. Lo que está mal es que las riendas un equipo se deban al marketing.

Seguramente su presidente debe estar muy preocupado con mi opinión. Ese presidente audaz que ha puesto su equipo en boca de la población mundial para bien o para mal, y que por eso se puede dar el lujo de contratar a quien quiera, por decir alguien, el goleador de la próxima Copa del Mundo (si no es Messi). Para Florentino, el Real Madrid es centro de un constate ataque por parte de la prensa mundial y está en lo cierto. Es imposible no incluirlo en cualquier conversación sobre fútbol, como yo, que con esta columna me adhiero al grupo de chupasangres que hacen eco del nombre del Club y su historia para llamar la atención -como hacen millones de periodistas y columnistas alrededor del globo-. Tiene razón Don Florentino Midas.

Mis reconocimientos a una corporación de números perfectos (deseo que así sea mi empresa) pero que cada vez está más lejos de su razón social y original. Tenía que destacar la calidad deportiva de algunos jugadores que en mi concepto merecieron una suerte diferente a su traslado furtivo después de haber sido estrellas rutilantes en la consecución de logros, y la de aquellos que pronto serán relegados cuando el Real haya sacado todo el jugo de su imagen, cuando haya vendido tantas camisetas como le es posible con un nombre particular en el espaldar. Esas son las órdenes de su patrón y así están bien.

lunes, 17 de abril de 2017

Complejo de Conmebol

Yo prefería la Libertadores a la Champions. Prefería el fútbol como se juega en Sudamérica a como se juega en Europa. El fútbol hecho de pasión y no de dinero. La Champions sería un torneo menor sin jugadores sudamericanos y en cambio, la Copa Libertadores es (era) un torneo de primer orden sin jugadores europeos.

Esta realidad es tácitamente aceptada por Europa que al contar con la chequera necesaria, se nutre de los mejores futbolistas del mundo, como se ha nutrido de nuestro continente desde 1492. No es necesario comparar el historial sudamericano con el historial europeo para afirmar que el mejor fútbol, el más vistoso y el más apasionante se juega en Sudamérica. Aún así el único lugar del mundo que desconoce esta realidad es Sudamérica empezando por las cabezas de su confederación.

Para ellos, tenemos que parecernos a Europa, tenemos que erradicar lo que haya de sudamericano en el fútbol y parecernos lo más posible al viejo continente. Ojo, no es un fenómeno exclusivo de la dirigencia. A lo largo de América Latina hay hinchas del Real Madrid, del Barca, del Bayer. ¿La razón? No damos crédito a que tenemos el mejor fútbol del mundo. No percibimos, en particular la Conmebol, que el Real y el Barca son en esencia equipos sudamericanos y que gran parte de lo bello que hay en el fútbol proviene de Sudamérica. Somos presa fácil del mercadeo y apoyamos equipos y sistemas de juego que no nos representan. 

Adoro ver hinchas furibundos de un equipo triste, quebrado, malo, en décima división, pero al fin y al cabo su equipo. El fútbol es una manifestación de arraigo hacia un lugar, hacia sus tradiciones y su gente. Dime de qué equipo eres y te diré quién eres. Si en China, o en EEUU, o en el Golfo Pérsico el Manchester Uniter vende camisetas como vender pan, se debe en gran medida a que la pasión por el fútbol en todos esos lugares no tiene un representante que los identifique como ciudadanos globales y que acapare las miradas del mundo. A esa situación responden haciendo gala de su capacidad adquisitiva. 

Pero el eje principal del fútbol mundial es Sudamérica. La Copa Libertadores era en mi concepto el mejor campeonato de clubes del mundo, el más emocionante, el más pasional, el que más expectativa generaba, el torneo que reunía más clubes grandes del mundo y por eso mismo el más impredecible. Era maravilloso terminar las noches entre semana con un partido de Libertadores o Sudamericana que era un espectáculo asegurado. El escándalo de corrupción que parece no terminar significó el ascenso de una nueva dirigencia marcada por la falta de carácter y el poco o nulo liderazgo que significa ser cabeza de la confederación más competitiva de la FIFA. Así se ha iniciado una era de progresiva y decadente imitación del fútbol europeo.

Si la Copa se juega en un semestre, la intensidad es mayor porque cada semana hay partido, hay más densidad de concentración, es más frenética, más emocionante, y lo mismo la Sudamericana. Jugar las dos copas durante todo el año es como jugar un mundial durante un semestre.

En Sudamérica el fútbol es natural, nace con las personas y se manifiesta en las calles, en las tiendas, en el fenómeno nacionalismo en cada uno de sus países. Ambos semestres eran palpitantes, cautivaban la atención de todo el continente y el mundo por la calidad de sus participantes y del fútbol que se desplegaba. 

Pero somos unos igualados. Lo que hacemos en Sudamérica no es lo suficientemente bueno y tenemos que copiarnos de un fútbol europeo que recalco, sin sudamericanos no sería lo mismo. Hoy la Copa (bodrio) Libertadores se juega en simultaneo con la Sudamericana como en Europa. ¿Alguien me puede nombrar cinco equipos que jueguen la Copa de Europa? ¿Alguien puede nombrar cinco equipos de la Sudamericana? Con este nuevo sistema, diariamente se juegan una cantidad enorme de partidos que no sé a qué copa pertenecen, con una cantidad de fases que no entiendo como operan y en dos torneos que van a tomar un año interminable. El fixture es un desorden. 

Al jugarse al mismo tiempo los dos torneos se restan importancia. La Copa Sudamericana es una especie de segunda división continental, un torneo que ni quita ni pone. Esta falta de amor hacia el fútbol sudamericano de los dirigentes del fútbol sudamericano fue identificada de inmediato por los clubes mexicanos que por supuesto se abstuvieron de semejante carnaval. Históricamente todos los clubes mexicanos habían sido competitivos en ambas copas e incluso Pachuca fue campeón sudamericano en 2006. Ellos han sido otros sacrificados de la limitadísima visión de los dirigentes sudamericanos serviles falderos de un fútbol al que le sobra dinero pero le falta corazón. 

¿Qué equipos juegan la Sudamericana? Ni idea. Un día canaleando vi que jugaban Patriotas de Tunja (Tunja queda en Colombia) contra Everton de Chile (no sé de qué parte de Chile sea), no sé si por Libertadores o por Sudamericana. No importa, ya no importa, es lo mismo. Solo los estadistas de la confederación y los económicamente beneficiados de que ambas copas se extiendan un año (la Conmebol vende los derechos de transmisión de la Copa) pueden estar al tanto de todo ese fútbol, que está lejos de ser lo que fue hasta el 2016. 

No me extrañaría que la Conmebol, ente que vilipendia como ningún otro el fútbol sudamericano, preocupada al ver que no nos parecemos lo suficiente, empiece a incluir equipos europeos tratando de enriquecer nuestro fútbol tan aburrido. ¡¡¡Oh un momento!!! Creo que ya hay una propuesta para modificar la Copa América de tal modo que incluya Selecciones más competitivas que las aburridas Brasil, Argentina, Uruguay, Chile o Colombia, por no nombrar las demás que hacen de las eliminatorias de Conmebol las mejores del  planeta.

Gracias Conmebol por sacarnos de ese primitivismo futbolístico en el que hemos vivido y por acercarnos al buen y único fútbol europeo. Podrían por qué no, jugar los partidos de Champions en Sudamérica y reemplazar esas anticuadas y aburridas Copas Libertadores y Sudamericana. Que por favor Europa nos enseñe a jugar fútbol. Que todas las escuelas de Sudamérica sigan el consejo tácito de la Conmebol y empiecen a jugar como un ajedrez. Gracias Alejandro Domínguez y Ramón Jesurún por menospreciar ese fastidioso fútbol sudamericano y hacer todo lo posible por eliminar las diferencias que hacían de las dos confederaciones un fenómeno único. Es más, que ni se juegue Libertadores ni Sudamericana, para la Conmebol con la Champions es suficiente.

viernes, 7 de noviembre de 2014

A Sao Paulo con Fútbol le alcanza


Vi el partido entre Emelec y Sao Paulo. Además de ser hasta el momento el mejor partido de la Copa, muchos detalles que llamaré provisionalmente "extrafutbolísticos" llamaron mi atención. Y les asigno este adjetivo porque si bien deberían ser inherentes al fútbol, hace mucho y en especial de esta parte del hemisferio que nos hemos acostumbrado a obviarlos, a excluirlos de la práctica habitual del deporte e incluso para algunos (la inmensa mayoría) pasan por recomendables.


Antes de detallarlos, vale la pena resaltar la calidad de los equipos que a su vez se reflejó en la calidad del partido, que por cierto tuvo de todo. Gol al primer minuto, Hack trick, dos penales, cinco goles, la incertidumbre de saber quién avanzaba a siguiente ronda hasta el final del partido, figuras de primer orden mundial (del lado de Sao Paulo) y una actitud de ir al  frente todo el partido tanto en Emelec como en Sao Paulo.

Pero eso todavía se encuentra. Todavía el Fútbol es tan benévolo como para regalar espectáculo incluso con los jugadores más inesperados. La actitud de los jugadores de Sao Paulo fue la inusual, la que me sorprendió. Empezando por cómo todos sus integrantes se ofrecieron antes del partido para remover de la cancha las cintas de papel lanzadas por los hinchas de Emelec. Todos los jugadores se pusieron en la tarea de extraer papeles como si fuera uno de los objetivos por los que trabajan durante la semana. Pero eso no fue todo.

Les pitaron dos penales. Está bien que los dos fueron inobjetables. Pero en oposición a como nos hemos acostumbrado con cualquier decisión tomada por el árbitro, ninguno reclamó, ninguno llegó vociferante a reprochar las órdenes del juez. Su cabeza estaba en el partido y no había tiempo para eso. 

Como tampoco lo había para ganar minutos ante cada falta o incluso para simularlas. Cada vez que un jugador de Sao Paulo fue al piso, obedeció a la fuerza de la falta, al rigor del partido. No se dejaban caer ante cualquier contacto. El espectáculo así lo ameritaba. Desde Rogerio Zeni hasta los delanteros, dan la impresión de ser un equipo noble, de pundonor, de que trabajan con miras a ganar en franca lid lo que ambicionan. 

Cada cambio de jugador para Sao Paulo es eso, un cambio. No una estrategia para ganar minutos, no la justificación para tirarse al piso y fingir dolores. Todos los jugadores que vieron su número en el cartel hicieron uso de sus arrestos y salieron del campo trotando, sin interrumpir el ritmo del partido aunque ello pudiera beneficiar a Emelec. A eso le llamo "gallardía".

Al final dignísimo ganador. Un equipo de deportistas que reivindican el espíritu del deporte y al hacerlo dejan sobre la mesa una reflexión para todos los cuerpos técnicos del continente. No exagero cuando digo que no recuerdo la última vez que un equipo de América prescindía de ese tipo de estratagemas para afrontar un partido. Es la oportunidad para despertar a la naturalidad con que se finge, con que se inventa, con que se falsea la esencia del deporte que tanto quiero. Hablo de cuerpos técnicos, porque hace parte de la formación del jugador evitar ese tipo estrategias. Si recurren a ellas es porque hasta ahora ningún formador les ha hecho indicaciones al respecto.

Si Sao Paulo juega a eso, a aprovechar cada instante del partido, lo hace desde la certidumbre de ser grandes, de saberse un equipo que confía en la honestidad de su trabajo. Me queda la impresión de que a Sao Paulo le alcanza con eso, no necesitan más.

martes, 21 de octubre de 2014

La Primera División

Yo me pregunto si todos los hinchas de Fortaleza, Uniatónoma, La Equidad, Águilas Doradas y Chicó juntos podrían colmar un estadio de asistencia media en Colombia, por poner un ejemplo el Hernán Ramírez o el Centenario de Armenia, o incluso uno de aforo pequeño como el Metropolitano de Techo. Yo me respondo que no, que son equipos sin hinchada y que ello les confiere la pragmática y simple condición de clubes deportivos. 

Su historia administrativa y deportiva es admirable. Porque alcanzar después de pocos años por el fútbol de ascenso la primera división y además mantener su lugar en la máxima categoría, aunque hayan pasado por todas las sedes del mundo, es un logro que no muchos han logrado y que incluso clubes encumbrados han sido incapaces de ejecutar. ¿Pero qué pasa con la pasión? ¿Dónde queda el apoyo incondicional, la alegría o la tristeza por la derrota, la comunión con el pueblo, las historias de los hinchas? Quiero hacer notar que en los equipos anteriormente citados no está por ejemplo Patriotas de Boyacá. Aclaro que no hago acopio de equipos chicos, cito equipos desarraigados, sin gente que los aliente o que encuentre en ellos un representante digno de la región. Patriotas es el equipo de la tierra y la gente lo quiere.

¿Tendrán estos equipos aficionados que esperen un partido con nervios o que celebren sus victorias? ¿Será que les duele una derrota o sienten rivalidad hacia su compañero de plaza o ciudad? Para mí, la respuesta afirmativa a estas preguntas responde en gran medida a la esencia del fútbol, o por lo menos a su ámbito más importante. Porque tampoco podría negar la dinámica del fútbol de ascenso, y que nuestra máxima categoría de cabida a equipos de rincones remotos o sin historia. De algún modo la heterogeneidad de sus integrantes dota al campeonato de un aura sanamente integradora, a costa de un nomadismo que se apodera de los nuevos integrantes de la categoría máxima, y de una nueva tendencia en la que crear un equipo y hacerlo parte de la liga depende exclusivamente de grupos inversores.

La simbiosis Club-Ciudad, el sentido de pertenencia hacia una institución deportiva es cosa de algunos en nuestra primera división. Hay una primera división dentro de la liga Postobón. Por otro lado, todos los clubes nombrados en el primer párrafo coinciden en tener orígenes disimiles al lugar en el que actualmente actúan como local. Son equipos trasplantados, ajenos en un campo que cumple como sede del calendario, no como casa. Salvo por los familiares de los jugadores y representantes de la corporación deportiva, no hay quién disfrute del espectáculo, no hay quién se alegre. Los partidos se juegan para cumplir un sistema de campeonato que exige que se jueguen, al margen del corazón del fútbol que en mi concepto es la pasión que genera. Qué haríamos con una final Fortaleza - Uniatónoma.

El Torneo Postobón o Segunda División es el otro polo. Cuenta en su haber con 8 equipos representantes de ciudades intermedias de Colombia, equipos con historia en el fútbol colombiano. A estos se suman clubes que en medio de su modestia son los portavoces deportivos de ciudades pequeñas. Si bien la comunión hinchada-equipo en ocasiones no dura más de unos años en razón a que las instituciones quiebran o son adoptadas por otra ciudad, inversionistas o grupos económicos, cascos urbanos intermedios como Villavicencio, Popayán o Montería han logrado decir presente en el mapa futbolístico colombiano en el marco de un equipo hecho de retazos y sin más historia que una firma o un negocio. El hecho de que jueguen segunda división es irrelevante. Nadie espera de ellos una notable actuación porque persisten y subsisten exclusivamente como entidades que representan sectores específicos del país, apoyados no desde el cariño filial al club de los amores, como desde el orgullo por habitar una localidad que ahora acoge fútbol profesional. 

Hay excepciones. O hubo excepciones. No se olvide por ejemplo que durante más de una década Alianza Petrolera fue el equipo de Barrancabermeja, o Águilas Doradas el equipo de Itaguí. Rionegro fue el equipo más longevo de la Primera B en su sede original hasta su traslado a Bello, que por cierto, también tenía equipo propio. Es inevitable preguntarse qué sentido de pertenencia puede despertar en los habitantes de Pereira un equipo como Águilas Doradas, como en su momento me pregunto por la recepción en Tunja de Chicó F.C.

De todas las formas en las que hemos adaptado el sistema argentino de campeonato, aún cuando su adecuación sea desfavorable, la más acertada (quizá la única) ha sido la democratización obligatoria de los clubes, entendiendo que los clubes son de los hinchas y no responden únicamente a la burocracia de un aval deportivo. Mírese el caso de equipos en su momento grandes que han sabido sortear los descensos y las crisis de la mano de sus hinchas, haciendo de sus epicentros barriales un centro de acopio y convirtiendo las dificultades en un reto local: Parque Patricios con Huracán, Caballito con Ferrocarril Oeste, Chacarita con su equipo homónimo. Si las ciudades y los hinchas no intervienen en el futuro de su equipo como entidad, no me extrañarán equipos como el Junior de Cartagena, o el Once Risaralda.

Sería injusto sin embargo culpar sin miramientos a las alcaldías o incluso a las administraciones de los equipos por ser incapaces de sostener perpetuamente un equipo cuando son evidentes las dificultades económicas, y más sin ayuda privada o municipal. No es esto ni mucho menos una perorata en contra de malas administraciones o una columna con el propósito de juzgar. Sí es en cambio un llamado a las aficiones para acoger como patrimonio de sus ciudades y sus municipios el equipo que los representa. En este sentido es de rescatar las advertencias de la Superintendencia de Sociedades y el ejemplo de Millonarios y Chicó, en el que por medio de acciones son los hinchas los propietarios de los equipos: las llamadas Sociedades Anónimas. La grandeza de las instituciones nace a partir de la comunión con sus hinchadas. Entre más se cultive esta relación, incluso ajena al marco jurídico implantado, más viable parece ser la prolongación de cada equipo como representante de una ciudad o por lo menos un sector. 

La Dimayor recién ha aprobado un nuevo sistema de campeonato con dos inquilinos más. Su propósito, incluir en la fiesta grande de nuestro fútbol equipos con hinchadas que representen ganancias por la reproducción de sus partidos por TV o el mercadeo que generan, bajo una forma de restitución a la mística que sólo producen ciertos equipos. Aplaudo la iniciativa, no sin decir que la historia de un grande incapaz de ascender por sus propios medios y sí por decreto se verá afectada, que las alcaldías o gobiernos centrales deben ejercer un papel más importante en la formación de un equipo y en su relación con la población, que habrán muchos partidos de la Primera división que no voy a ver ni loco y por último que la historia importa, como importa la pasión. No tengo nada en contra de los equipos que nombré, de hecho, me resultan tan indiferentes que si están en primera o segunda división me da lo mismo.

viernes, 26 de septiembre de 2014

¡¡Qué grande Mario!!



Fui testigo con mis 28 años (y tengo el privilegio de recordarlo) de las clasificaciones a USA 94 y Francia 98. Tengo  grabado el 5-0 contra Argentina. A "El Pibe" tremendo en el Monumental, a Maradona aplaudiendo después de declaraciones polémicas, a mi Selección llegando al mundial como favorita. Viví también con intensidad la actuación para Francia 98. Una eliminatoria que hasta la primera ronda fue cómoda y que en algún momento se llegó a complicar por cuatro partidos sin sumar de a tres, pero que en buena hora fue corregida y en la que se clasificó con relativa tranquilidad después de tres victorias en línea. 


Por eso, porque estaba acostumbrado a que la Selección clasificara con holgura, fue que la eliminación del mundial de Corea del Sur y Japón dolió como dolió. Y aunque la Selección de esa eliminatoria estuvo lejos en rendimiento de la generación anterior, la amargura igual fue tremenda, como lo fue para los mundiales de Alemania y Sudáfrica. A un gol y a un punto estuvimos de clasificar respectivamente. A este consuelo inútil sumo que hubo un par de jugadores que dejaron su humanidad en la cancha durante esos 16 años de eliminatorias. En cada una de las tres hubo quienes lo merecieron, sólo uno en mi concepto lo mereció por las tres, con creces. Mario Yepes.


De ahí que si alguien mereció este mundial fue él. Al final de su carrera logró aquello por lo que trabajó desde su inicio. ¡Y cómo lo logró! Qué mundial que hizo, qué capitán que tenía Colombia. A diferencia de casi toda la Selección Colombia, Yepes llegaba al mundial sin la aprobación total de los colombianos, en especial desde algunos sectores del periodismo. Se decía que ya era lento, que su liderazgo no era positivo, que su experiencia no estaba al servicio del equipo. No tengo que escribirlo, porque es de público conocimiento la forma en que Mario Yepes hizo frente a las críticas: jugando fútbol. No sé si Mario era el corazón de la Selección, pero sí era el latido. Su entrega fue la alegría de una carrera que desemboca en el objetivo esquivo durante toda esa carrera.

Si bien es innegable que sus cierres y sus cortes deslizantes no eran los mismos de hace algún tiempo, digamos el tiempo en el que su juego nos mantuvo vivos hasta los últimos partidos de las tres eliminatorias anteriores, su entrega lo compensó. Durante los partidos del mundial fue la jerarquía, fue el llamado al compromiso a sus compañeros. En el uno a uno, en el juego aéreo fue implacable. Fue lo que un equipo espera de su capitán. Después de El Pibe, además por el hecho de ser el segundo jugador que más ha vestido la camiseta de la Selección, diría que ha sido el capitán más notable que la Selección ha tenido.

Su currículo con la Selección es sorprendente. Jugó con todos los esquemas tácticos, haciendo línea de tres con Córdoba y Bermúdez, o lo que en su momento fue llamado líbero "doble stopper". Fue líbero y fue "stopper".  Es el único jugador que estuvo presente en los dos momentos más importantes de nuestro fútbol como Selección: fue titular en el equipo campeón de la Copa América 2001 y capitán de la Selección que avanzó hasta cuartos de final del último mundial. Hizo además parte de la única Selección Colombia que jugó Copa Confederaciones. Es la figura más fulgurante de una generación que empalmó las dos más exitosas de nuestra historia. Como defensa central, Mario Yepes militó en un Deportivo Cali recordado. Fue insignia de River Plate y jugó en clubes como el Milan o el PSG. Siempre inspiró confianza desde su juego aéreo, con sus relevos, con ese cierre característico en el que desde atrás iba abajo y difícilmente pasaban rival y pelota al tiempo; con su voz de mando, su salidas al ataque y su buen saldo de goles para ser central. Seis en total con la Selección. Es después de Carlos Valderrama el jugador que más veces se ha puesto la camiseta de Colombia en partidos oficiales. Completó 102, nada más y nada menos que en cuartos de final. Si los hinchas sufrimos cada eliminación, él sufrió las tres como jugador. Al borde de su retiro y con la presión de excelentes jugadores reclamando el inevitable recambio, Mario hizo justicia a sus años de trabajo y cumplió el objetivo que persiguió toda su carrera, además llevándolo al límite, siendo ésta la mejor Selección Colombia de toda la historia, o por lo menos la más exitosa. 

Hoy la Selección lo despide, como en su momento tendrá que hacerlo con toda esta camada y las que vengan. Desde ya queda en la historia como un referente y como modelo de tenacidad para los jugadores que vengan y encaren el compromiso y el orgullo de vestir la camiseta de la Selección. Participar en cuatro eliminatorias y alcanzar el logro hasta la última siempre demostrando un nivel superlativo le pone un broche de oro al cierre de su vida como jugador, más la medalla de honor que le confiere el mundial que hizo. Hoy con los colores del ciclón de Boedo promete además jugar mundial de clubes. Vuelve y tensiona la gloria de su vida deportiva y la necesidad de homenajes. Este es a su modo uno muy pequeño.

sábado, 16 de agosto de 2014

¿Por qué Colombia perdió con Brasil?

Pasada la agitación del mundial, del que coincido con quienes lo han sentido como el mejor de la historia, viene el momento de hacer reflexiones de todo tipo. Y si bien el mundial ya es historia, puntualizar algunos aspectos sobre lo que hicimos como equipo, sobre nuestras virtudes, pero por encima de todo sobre nuestras flaquezas no deja de ser valioso y en mi humilde opinión necesario pensando en el futuro. Y por favor no se entienda que mi propósito es la crítica destructiva. Remitirme a los puntos en los que el rendimiento aún puede ser más alto, se debe a creer que desde las flaquezas es más fácil limar imperfecciones y llevar el equipo a punto. 

Decir que se falló es disonante cuando los logros alcanzados fueron inéditos. Pero cuando el fútbol expuesto a lo largo de la Copa otorgaba la ilusión del lugar más alto del podio, o por lo menos uno más alto del que alcanzamos, es inevitable revisar por qué un equipo con muchísimo menos fútbol que Colombia nos eliminó, aunque haya sido justicieramente.

Primero, y al margen de cualquier planificación, el gol de camerino reformula el partido. Tanto como me lamento por el gol de Yepes (no sé si fue), no dejo de imaginar qué habría pasado si en la jugada del primer gol de Brasil, Carlos Sánchez no hubiese perdido la marca de Thiago Silva. Fue una desconcentración, un lapso infinitesimal en el que desembocaron la historia del rival, su localía y la intensidad de los primeros minutos. Todas las limitaciones que había exhibido Brasil para buscar un partido, simplemente se omitieron porque ya no tenían esa obligación. 


El gol llenó de aire la camiseta de Brasil que empezó a imprimir temperamento al partido, no sin injerencia de un juez que dejó de pitar muchas faltas. Y vuelvo a la palabra "injerencia" porque no podemos culpar totalmente al juez por la derrota. A Alemania le habrían podido anular el quinto gol por fuera de lugar, y sin embargo no habría importado porque ellos hicieron la tarea de ir al frente y marcar goles, Colombia no. Nunca asimiló lo que significaba estar por debajo del marcador, cosa que hasta el momento no había ocurrido, y menos cuando David Luiz marcó un gol de otro partido.

Con jugadores corpulentos Brasil embestía, sin ideas, sin talento, pero embestía. Colombia no atinaba a encontrar el planteamiento que permitiera contrarrestar un rival físicamente diligente y arriba en el marcador. En ese sentido, los cuatro primeros partidos de Colombia pudieron haber jugado en contra. Grecia, Costa de Marfil, Japón y Uruguay esperaron. Nunca fueron a presionar a Colombia desde su salida, situación que le brindaba a nuestro sistema defensivo la tranquilidad de salir jugando. Cuando Brasil presiona desde nuestro primer cuarto de cancha, nos encontramos con una situación que estando empatado el partido podría solventarse rechazando el balón, pero que con el marcador abajo implicaba sapiencia para administrarlo. 

Brasil al final del partido cometió el mismo error de Colombia ante Grecia, Costa de Marfil y Uruguay: entregar la pelota. El frenetismo de los últimos 20 minutos del partido no se debe a que Colombia haya tomado las riendas, si no a que Brasil decidió esperar, tomó la decisión de encerrarse y acumular hombres para sostener el resultado. Claramente ningún equipo puede sostener la presión sobre la salida de su rival los 90 minutos, pero cuando el rival está desorientado y además el marcador favorece, las líneas no tienen por qué echarse para atrás. Si la línea atacante permanece en el último cuarto de cancha, su presión en la salida del rival es físicamente menos demandante porque los delanteros ya están incrustados en la defensa. No es necesario recorrer largas distancias.

Esa fue una de las claves de Alemania. Entender que la superioridad no es abstracta ni histórica, si no que se debe ejecutar, y se ejecuta con el dominio total del balón, haciendo 50 goles si el rival lo permite y poblando todo el campo los 90 minutos como señal de autoridad, de que no hay por qué retroceder líneas si el rival es inferior.

Brasil ganó con justicia porque ejecutó con eficacia un plan basado en las fortalezas de Colombia. Entendió que la salida de Armero y Zúñiga era una de nuestras armas; copó el medio campo con cuatro volantes y dos delanteros, lo que ocasionó que Colombia sólo pudiera atacar por intervenciones individuales de James y Cuadrado; salieron a ganar de camiseta, a pasarle su historia por encima a una Colombia que de haber aguantado el envión inicial seguramente habría salido airosa y sin modestia lo diré, con creces.

Subrayar los errores de esta Selección es un trabajo arduo. Después de Alemania, Colombia en mi concepto tuvo el mejor funcionamiento como equipo durante el campeonato, sustentado por una calidad de jugadores asombrosa. A esto sumo un equipo con corazón. Una Selección que sin contar con su estrella más fulgurante fue solidaria, aplicada. Con dos volantes externos sensacionales, un arquero seguro y un capitán que terminó siendo el latido, la fuerza anímica de un grupo que de mantenerse, ojalá con el mismo cuerpo técnico, puede aspirar a mayores cosas para el futuro.

Entiendo que pensar en lo que habría pasado si, es una labor inútil y que en nada aporta a una historia ya escrita. Lo hago sin embargo, con la firme seguridad de que este equipo se presta para hacerlo. Con una generación en la que el 95% de su plantel puede estar en Rusia 2018, tenemos el derecho y el equipo de esperar los lugares más altos.