martes, 6 de febrero de 2018

Idiosincrasia del fútbol sudamericano

El fútbol fue inventado por los ingleses que además tuvieron la gentileza de traerlo a Sudamérica cuando estaban invadiendo el mundo. Sus marineros obligados a hacer algo con el tiempo de ocio decidieron recrear el deporte que practicaban en su isla natal pero que aún no terminaba de tomar forma. Eso que al comienzo era una exclusividad europea, con el tiempo fue diseminándose por el continente en el alba de sus repúblicas. Comenzaba una historia de amor.

En Sudamérica el deporte se redefine. Sus habitantes naturalizaron el juego que se convirtió en estilo de vida. Desde entonces las generaciones nacen, crecen y viven alrededor del fútbol. Un sudamericano en un día promedio puede ir a jugar fútbol, jugar play station (fútbol), leer prensa o ver noticias sobre futbol local o mundial, ver algunos partidos por televisión y quien realmente se especialice, le dedica tiempo a partidos históricos, estudia, lee o escribe sobre fútbol. 

Alrededor del deporte se ha creado una memoria colectiva nacional, es decir, cada país en Sudamérica juega a su manera, está en su adn. Estas fórmulas que son más instintivas que conscientes, más naturales que tácticas, son el resultado de las coyunturas de cada nación fusionadas al fenómeno deportivo. El resultado de ese sincretismo cultural ha sido unos estilos definidos de jugarlo que a la postre les permitieron erigirse como la vanguardia del deporte. Al día de hoy cada sudamericano apela a estas formas de juego, no por producto del aprendizaje, sino echando mano de una herencia que siente el deporte como parte de su vida. Así por ejemplo, hay valores que se construyen a partir del fútbol, por nombrar algunos, sentimientos de arraigo hacia la nación, ciudad o barrio.

Sobra decir que estos estilos no son camisas de fuerza y que cualquier generalización es un despropósito, sobre todo si hablamos de un deporte que cautiva por ser impredecible. Estos patrones de cada asociación, ligeramente más proclives a encontrarse en fútbol de selecciones que de clubes, responden a circunstancias territoriales y republicanas que van forjando identidades nacionales.

Brasil es la diversión, el baile, el fútbol como juego, la técnica excelsa que inevitablemente desmboca en juego bonito. Está tan naturalizado en su información genética, que los brasileros no tienen que aprender a jugar, ya nacen con la habilidad incorporada de pegarle a la pelota, de pararla, de poner el pie como tiene que ser. He conocido casos de brasileros reacios al fútbol pero con la habilidad congénita de jugar con la pelota como si fuera una extensión de su cuerpo. Si los brasileros se están diviertiendo en cancha, aunque sean pocos, ya es indicio de que van a ganar porque además, sí que saben lo que es ganar. 

Uruguay es la garra. Uruguay no juega bonito, ni siquiera se caracterizan por una táctica ferrea o gran calidad técnica. Uruguay juega a ser incómodo, a fastidiar, a hacer que el rival tenga que correr más de la cuenta. Juegan sin la pelota, invitan a que el otro equipo utilice todos sus cartuchos y cuando eso pasa, en el uno-a-uno llevan las de ganar. Cuando atacan, tiran una pelota larga y todos van a lucharla como si fueran un equipo de rugby. Se ubican estratégicamente esperando que el rebote les favorezca y sí que les favorecerá. Todos son cazadores esperando que el balón pase cerca, como un depredador acechando la presa. No van a definir con clase excelsa, van a romper el arco. Si no van a ganar, dejan claro que no será fácil derrotarlos. Así son la Selección más ganadora de la historia. Un país de 3 millones de habitantes es el epítome de un estilo del que cualquier equipo de fútbol debería nutrirse.

Argentina es el talento y la comprensión del juego. El jugador argentino conoce bien su posición, responde a cualquier planteamiento táctico y comprende que quien maneja los tiempos del partido maneja el juego en general. Es por eso que pueden tocar la pelota durante minutos sin otro propósito que dejar en claro que a ellos les pertenece el ritmo y por ende el juego. Siempre hubo un argentino que entendió mejor que nadie las características de su posición. Además siempre tienen un valor agregado. Un Maradona, un Riquelme, un Palermo, un Crespo que marca la diferencia. Messi es otra cosa. 

Colombia es el buen trato al balón. Les gusta tenerlo en los pies, lo que a veces juega una mala pasada. El fútbol colombiano, al no estar acostumbrado a ganar, sufre embates de mentalidad cuando juega por cosas grandes. Concretamente, mentalidad significa tener la claridad de levantar la cabeza y tomar la mejor decisión cuando las altas instancias de un torneo tienden a nublar la mente. Mentalidad es por ejemplo el cuarto gol de James Rodríguez contra Japón en Brasil 2014, tener la sangre fría de pinchar la pelota cuando sale el arquero al final del partido. 

Paraguay es letal tirando centros por arriba y por abajo. Siempre han tenido laterales que van al ataque y por eso sus delanteros y volantes siempre están esperando el centro, como lo han esperado desde que juegan fútbol. Ellos sí que saben resolver un balón que viene de costado. Se sienten cómodos cada que el balón abandona la banda y empieza a internarce en el área, si viene por arriba mucho mejor. Esa es su identidad, en eso es que son buenos y así han ganado lo que han ganado. 

Bolivia es el signo claro de que acá se juega el mejor fútbol del mundo. No porque sean grandes, sino porque siendo los menos talentosos a cualquier grande le pueden ganar. De hecho me encantaría que algún día Alemania, España o Francia visitaran el Hernando Siles Suazo. La media y larga distancia boliviana ha sido un arma letal contra todos los equipos. La Paz, su escenario antes inexpugnable a 3200 mts, es una invitación a pegarle de lejos al arco. Al haber menos oxígeno, hay menos resistencia al balón. Algunas personas dicen que la altura es un mito, no lo es. Menos oxígeno en el cerebro significa menos lucidez para tomar decisiones. Si a La Paz se llega sin un plan definido, la derrota puede ser paliza. Goles de larga distancia le han marcado a todas las selecciones, a todas las han derrotado. Obviamente su fortaleza es solo local, los números desavalan todas sus campañas visitantes. 

Peru siempre ha jugado buen fútbol pero tienen un problema casi patológico de definición. Son hábiles, técnicos, pueden llevar el ritmo del partido pero se desconcentran fácilmente y después les toca remontar resultados. Necesitan un motivador que les haga creer lo buenos que son. Cuando hubo líderes, hubo resultados.

Ecuador es la robustez física. Desde el 2002, primer mundial en el que participaron, sus jugadores son recios, velocistas que aniquilan con un balón al vacío o laterales que salen disparados. Hasta la última eliminatoria esa seguía siendo su apuesta que solo ha encontrado pausa con Alex Aguinaga. Si uno revisa sus selecciones clasificadas a mundiales, encuentra un patrón de corpulencia física que tambíen se haya en clubes que han sobresalido como la Liga Deportiva de Quito o el Independiente del Valle.

Chile a diferencia de los anteriores no ha conservado un estilo fijo. Su generación más exitosa se ha caracterizado por un ataque a un solo toque, vertical, presionando en cuatro cuartos, esa es la herencia de Bielsa y Sanpaoli, un equipo que compensa su escaso promedio de estatura con agilidad y juego colectivo. Es diferente de la otra generación recordada, la de Salas y Zamorano, dos cabeceadores natos. El fútbol de Chile debería tomar el estilo actual y promoverlo en sus jóvenes, fomentarlo en sus divisiones inferiores como una semilla para mantener ese ataque incisivo, desgastante, efectivo.

No es casual que Venezuela sea el más chico. No ha forjado un estilo que los identifique, uno que se practique instintivamente, llamemos "nacionalmente". Sus Selecciones han jugado de acuerdo a sus plantillas y posibilidades. Siempre ha sido una Selección con más futuro que presente. Se viene una camada de subcampeones del mundo. Tienen además un uniforme muy bonito.


En Sudamérica el fútbol se mezcla con la vida y por eso es un reflejo de lo que somos, de quienes somos. Basta con ver a nuestras selecciones nacionales y nuestros clubes para entender como afrontamos la vida en esta parte del mundo. "Entrenar" pareciera a veces exclusivo de esos que entienden el fútbol como algo artificial que comienza cuando comienza el entrenamiento o el partido. Para Sudamérica fútbol es niñez, adolescencia, proyecto de vida, una o muchas noches sin dormir, una cosa que excede las palabras y se queda sin explicación. Esa me parece una buena definición de pasión.

domingo, 28 de enero de 2018

El otro lado de la cortina

Aunque el fútbol de Europa Occidental siempre ha acaparado los titulares de la prensa mundial, el otro lado de la cortina también ha jugado fútbol digno de recordación. Naturalmente no han ganado lo que han ganado sus vecinos, pero dos copas de Europa (actual Champions), tres Copas de la UEFA y dos Eurocopas dan cuenta de una cultura futbolística que durante años fue reconocida por su calidad y que incluso llegó a jugar finales de Copa del Mundo cuando Hungría alcanzó la última instancia en 1938 y 1954. 

Esa selección húngara durante casi tres décadas fue el rival a vencer en Europa y el mundo. Entre sus gestas está haber contado con jugadores estrella en las mejores ligas del mundo, haber ganado 3 medallas de oro en Juegos Olímpicos (los que se dicen fueron los primeros mundiales) y haber propinado las dos goleadas más abultadas en la historia de la Copa del Mundo. Los Magiares le pasaron por encima a El Salvador y Corea del Sur, 10-1 y 9-0 respectivamente. Los 50's fueron la última década gloriosa para los húngaros que hasta el día de hoy han estado muy por debajo del primer orden. 

De ese mismo periodo proviene la Eurocopa ganada por la URSS, país que además ganó tres balones de oro, uno de ellos para el único arquero condecorado con esa distinción, Lev Yashin, la araña negra. Casi medio siglo después como clubes rusos, el CSK de Moscú y el Zenit de San Petesburgo ganaron cada uno Copa de la UEFA. Ahora se preparan para organizar una Copa del Mundo en la que alcanzar segunda ronda sería todo un logro. 

Corrida la cortina de hierro el fútbol de Europa Oriental cayó en un bache propio de países asolados por la guerra y economías inestables. Jamás su juego volvió a ser lo mismo y por supuesto tampoco sus resultados que han sido eclipsados por su contraparte occidental, particularmente después de la Perestroika. Los regímenes comunistas hacían hincapié en la formación física de sus ciudadanos y por supuesto en sus representaciones deportivas. Ese apoyo perdió sustento con la implementación de un nuevo modelo económico, lo que se vio reflejado no solo en el fútbol sino en disciplinas en las que siempre fueron potencia como la gimnasia. 

Hubo sin embargo algunos puntos que niegan esa realidad y que por momentos hicieron recordar ese pasado esplendoroso de esa parte del mundo. El rumano Hagi era un crack, una técnica tremenda, zurdo con media y larga distancia, hizo muchos goles. Como lo sufrió Colombia. La selección de Rumania de los 90s, de la que él era capitán fue increíble. Los -escu, Lopescu, Popescu, Petrescu, Dumitrescu. Jugaron 3 mundiales maravillosos y en todos la gloria se les escapó por un pelo. Además el Steaua de Bucarest fue el primer club de Europa del Este en ganar la Copa de Campeones de Europa en 1986, lo que constituye un hito en la historia futbolística de ese país.

Y si hablamos de los 90's Bulgaria debe estar ahí. Hristo Stoicoff comandó la mejor generación de su historia. Clasificaron a USA 1994 en una eliminatoria increíble que se decidió en el último partido en Paris. El empate le servía a Francia para volver a un mundial después de haber faltado a la Copa anterior en Italia. Al minuto 90 Bulgaria terminó de darle vuelta al 1-0 en contra y ganó 1-2. Hicieron un mundial formidable donde ocuparon el cuarto lugar. También asistieron a Francia 98 pero fueron una decepción. Aparte de Dimitar Berbatov no han vuelto a sonar.

En 1991, exactamente durante la desintegración de Yugoslavia, es decir durante la guerra de Yugoslavia, la Estrella Roja de Belgrado se coronó campeón de Europa con nombres como Proscinecky (el croata), Mihalovich (el serbio), Belodedici (el rumano). Después del baño de sangre, de todas las nuevas repúblicas, Croacia es la única que ha luchado por permanecer en la élite del fútbol europeo. Inolvidable su mundial del 98 en el que eran debutantes y quedaron terceros. Suker un pescador. La final se les fue en un parpadeo porque incluso iban adelante en el marcador en esa semifinal contra Francia que después se coronaría campeón. Han producido enormes jugadores, de hecho, la clave de ese Real Madrid que todo lo ganó durante dos años, además de Cristiano, era Modric. Una clase ese muchacho. Hay que decir también que esa camiseta ajedrezada es hermosa. 


El último gran referente de Europa Oriental puede ser el ucraniano Shevchenco. Con el Milan ganó todo lo que jugó, fue balón de oro y llevó a su selección al único mundial de su historia donde hicieron una presentación bastante decorosa. La terna de clubes orientales europeos con Copa UEFA la completa el Shaktar Donetsk que alcanzó el título en el 2009. 

Capítulo aparte para la Selección griega campeona de la Euro 2004. Nos recuerda que en el fútbol no hay nada escrito y que es impredecible, que intentar explicarlo es perder el tiempo. Que esos programas de opinión en los que se hacen aseveraciones infalibles y se culpan a técnicos o jugadores por salirse de la lógica son una real estupidez. Con todo su conocimiento de comentaristas y periodistas "expertos" (excluyo en Sudamérica a 3) no pudieron predecir que Senegal le ganaría a Francia, que Colombia le metería 5 a Argentina, Chile 7 a México, o que Grecia sería campeón. Un recordatorio de que un equipo debe jugar a resaltar sus virtudes, como Grecia que se sabía limitado, corajudo, con buen juego aéreo y férreo bloque defensivo. Catorce años después yo sigo celebrando esa Eurocopa.

La pasión de los hinchas, clásicos de renombre mundial como Partizan-Estrella Roja, Olympiakos-Panathinaikos, Galatasarai-Fenerbache, una historia de buen fútbol y jugadores excelsos son la prueba de que el fútbol en Europa Oriental es tan amado como en Europa Occidental o Sudamérica. Eso es lo más importante. A la hora de jugar fútbol la pasión va primero, la formación es un complemento. Quedan servidas algunas preguntas y quedan servidas sus respuestas. ¿Volverá algún día ese esplendor del periodo comunista, u ocasionalmente aparecerán equipos competitivos? Lo segundo. ¿Serán capaces de ganar cosas importantes? Es improbable, aunque en una región donde el fútbol es pasión, cualquier cosa puede suceder.

lunes, 5 de junio de 2017

Carta enviada a Ramón Jesurún, Presidente de la Federación Colombiana de Fútbol

Estimado Señor Jesurún

Estoy con la Selección desde 1992. Me declaré hincha en el primer partido de Barcelona 92 contra la España de Guardiola y Luis Enrique que perdimos 4 - 0. Desde ese día la apoyo porque me representa como ciudadano del país, porque en ella deposito parte de mi arraigo a esta tierra y porque es una de las mejores embajadoras de esta nación turbulenta. Cuando los tiempos son difíciles la Selección es una motivación, es el optimismo en la tierra expresado en su fútbol, la reunión de todos los ciudadanos en un mismo propósito. A pesar de algunas celebraciones lamentables la Selección reivindica nuestros mejores valores como sociedad.

La reciente convocatoria de Pablo Armero a la Selección, o la convocatoria sin una disculpa pública, sin una posición oficial por medio de un comunicado o una rueda de prensa en contra de la violencia doméstica, va en detrimento de todas las bunas razones que acabo de nombrar. El mensaje que se envía desde la Selección Colombia al ciudadano promedio es "está permitido pegarle a la mujer siempre y cuando sean buenos profesionales".

No creo que sea necesario citar las estadísticas por violencia doméstica en Colombia y todo lo que representan. Sí cabe recordar la responsabilidad civil que nos atañe como integrantes de una comunidad y que debe traducirse en repudiar cualquier forma de maltrato familiar, mucho más la Selección con su poder de convocatoria. El poder implica responsabilidad y por eso ustedes no pueden pasar por alto este desacierto. Usted y todos los miembros hombres de la Federación, son hijos, esposos, padres, amigos, hermanos.

La Federación y la Selección no pueden permanecer en silencio. Al no pronunciarse, la Federación es cómplice de un acto infame, un acto que está en contra de todos los buenos y malos recuerdos que tengo de ese equipo y del fair-play que promueve la soberanía de los valores humanos sobre los resultados deportivos. El punto no es que lo convoquen, el punto es convocarlo y no plantear una posición clara de rechazo a la violencia en el hogar y de apoyo a las víctimas.

Por otro lado, es una oportunidad magnífica para que la Selección encarne activamente los buenos valores que ya representa de facto en la sociedad. El incidente en cuestión puede ser aprovechado para combatir las cifras por violencia doméstica en Colombia si la Selección en general se convierte en abanderada del respeto familiar y el cuidado a la mujer. Que la Federación ejerza un liderazgo con impacto social positivo y el evento sea catalizador de un movimiento que abogue por el respeto y el buen trato.

Entiendo que traer a colación un evento polémico y que "fue superado" no es recomendable. Creo sin embargo que actuar con rectitud y principios humanos debe hacer parte de la constitución de la Federación Colombiana de Fútbol y de toda organización regida por el estado de derecho. Debo comentarle a modo de confidencia que desde la convocatoria en cuestión, cada caso de violencia familiar que llega a mis oídos me hace pensar que la Selección y la Federación no tuvieron las agallas de plantear una posición clara de rechazo sin ni siquiera pedir disculpas. Faltó en la dirigencia eso mismo que en la cancha la hinchada pide a los jugadores.

El reclamo de esta carta es mucho menor al llamado a actuar, a pronunciarse, a dejar en claro que los buenos somos más y que hacemos cosas buenas. Desde 1992 jamás he acumulado un recuerdo que amaine mi apoyo incondicional y este no puede ser el primero. Confío en que meditarán el asunto, se pronunciarán y tomarán las acciones propias de una Federación líder con iniciativa en favor del país, sus ciudadanos y ciudadanas. 

viernes, 21 de abril de 2017

Ese patrón del Real Madrid

Hay dos modelos en cuanto manejo de personal. El “humanista” que da prelación al ambiente laboral, la estabilidad, la antiguedad, la comunión entre sus integrantes; y el modelo “pragmático” de competencias y logros que se renuevan en la prontitud posible por la urgencia de resultados. El primer modelo es para empresas de crecimiento estable, de logros lentos pero seguros que crean una atmósfera saludable en la que sus empleados pueden desarrollar todas sus destrezas por sentirse cómodos; el segundo es más vertiginoso, se alcanzan más resultados en menor tiempo y de mayor alcance, pero sobre esas empresas el rigor del fallo es más intenso si los frutos no son los esperados.

El Real Madrid ejecuta el segundo. Su facturación, que lo corona lejos como el equipo más popular del mundo, le permite vender merchandising donde quieran, contratar sin problemas a quien quieran y sin problemas también desechar a quien quieran. No importa que durante la gestión de su presidente Florentino Pérez el Barcelona haya ganado tres veces lo que ellos han ganado. El ranking de la UEFA los sitúa primeros y primeros son sus números extravagantes.

No importan tampoco los niveles individuales superlativos ni las goleadas con las que aplastan a los demás. Permanecer en el Real Madrid está más allá del rendimiento deportivo. Si no (la siguiente es una corta lista de jugadores que salieron en el cenit de su carrera) qué pasó con Ozil, Di maría, Kaká, Essien, Higuaín, Adebayor, Van der Vaart, Xabi Alonso, Casillas. Qué pasó con Mourinho, mejor entrenador porcentualmente hablando de la historia del club, o Ancelotti, ganador de la esquiva décima Champions, o hasta Rafa Benitez que a pesar del ridículo en la Copa del Rey por la alineación de un jugador inhabilitado, días antes de su destitución le había metido diez goles al Rayo Vallecano y contaba con todo el apoyo de la junta directiva.  ¿De qué forma se explica la contratación de “Chicharito” Hernández y su despedida un semestre después? La respuesta está en el número de camisetas vendidas en México y EEUU con un “Chicharito” en el espaldar.

Los hinchas y sobre todo la prensa madrilista se han apropiado del modelo corporativo y silban si el equipo no golea, si no juega bien, si no hay espectáculo, si no hay caras nuevas y si las caras nuevas no son las más mediáticas. De ahí que sea un equipo sin ídolos. Fácil llegan, fácil se van. ¿Qué se puede esperar si Cristiano Ronaldo ha salido chiflado del Bernabeu? Y no es el primero. La era de los galácticos, la de Zidane, Ronaldo, Figo, Beckham también tuvo tardes de insulto y silbatina. Diría que el último gran ídolo fue Raul y de eso hace diez años. Si no hubiese sido canterano también habría salido por la puerta de atrás.


Yo prefiero el fútbol amateur. El de grandes logros inesperados. El de los equipos con ídolos al estilo Gerard en Liverpool, Buffon en la Juve, Maldini en el Milan o Tévez en Boca. Me considero fanático del jugador que no se vende, el que se queda por simple sentido de pertenencia y al que la gloria le suena más que los millones. Hay más valor en ser campeón con el menos grande porque implica más superación. Tengo que nombrar al Leicester City, que después de haber luchado la permanencia en primera se convirtió campeón en la liga más competitiva del planeta. Eso es fútbol, eso es mérito y merecen todos los aplausos de quienes amamos este deporte. El Madrid puede hacer lo que quiera con su dinero, pero no puede comprar fútbol, solo desentendidos del deporte que adquieren una marca o hinchas que con seguridad abandonarán el barco si la situación un día se complica.

Naturalmente hace décadas que la dinámica del fútbol se supedita al dinero alrededor, es solo que el Real Madrid lleva ese patrón al extremo de convertir sus jugadores en cifras, de deshumanizar. Para los fanáticos del Real Madrid el fútbol debe consistir en mantenerse como celebridad mediática en detrimento del hecho de ser una institución deportiva. Eso no está mal de ningún modo, pero no estoy de acuerdo en rescindir contratos o en no renovarlos cuando algunos jugadores y cuerpos técnicos están en el pináculo de sus rendimientos deportivos. Que quede claro que el modelo “pragmático” de empresa no solo es importante, si no necesario. Lo que está mal es que las riendas un equipo se deban al marketing.

Seguramente su presidente debe estar muy preocupado con mi opinión. Ese presidente audaz que ha puesto su equipo en boca de la población mundial para bien o para mal, y que por eso se puede dar el lujo de contratar a quien quiera, por decir alguien, el goleador de la próxima Copa del Mundo (si no es Messi). Para Florentino, el Real Madrid es centro de un constate ataque por parte de la prensa mundial y está en lo cierto. Es imposible no incluirlo en cualquier conversación sobre fútbol, como yo, que con esta columna me adhiero al grupo de chupasangres que hacen eco del nombre del Club y su historia para llamar la atención -como hacen millones de periodistas y columnistas alrededor del globo-. Tiene razón Don Florentino Midas.

Mis reconocimientos a una corporación de números perfectos (deseo que así sea mi empresa) pero que cada vez está más lejos de su razón social y original. Tenía que destacar la calidad deportiva de algunos jugadores que en mi concepto merecieron una suerte diferente a su traslado furtivo después de haber sido estrellas rutilantes en la consecución de logros, y la de aquellos que pronto serán relegados cuando el Real haya sacado todo el jugo de su imagen, cuando haya vendido tantas camisetas como le es posible con un nombre particular en el espaldar. Esas son las órdenes de su patrón y así están bien.

lunes, 17 de abril de 2017

Complejo de Conmebol

Yo prefería la Libertadores a la Champions. Prefería el fútbol como se juega en Sudamérica a como se juega en Europa. El fútbol hecho de pasión y no de dinero. La Champions sería un torneo menor sin jugadores sudamericanos y en cambio, la Copa Libertadores es (era) un torneo de primer orden sin jugadores europeos.

Esta realidad es tácitamente aceptada por Europa que al contar con la chequera necesaria, se nutre de los mejores futbolistas del mundo, como se ha nutrido de nuestro continente desde 1492. No es necesario comparar el historial sudamericano con el historial europeo para afirmar que el mejor fútbol, el más vistoso y el más apasionante se juega en Sudamérica. Aún así el único lugar del mundo que desconoce esta realidad es Sudamérica empezando por las cabezas de su confederación.

Para ellos, tenemos que parecernos a Europa, tenemos que erradicar lo que haya de sudamericano en el fútbol y parecernos lo más posible al viejo continente. Ojo, no es un fenómeno exclusivo de la dirigencia. A lo largo de América Latina hay hinchas del Real Madrid, del Barca, del Bayer. ¿La razón? No damos crédito a que tenemos el mejor fútbol del mundo. No percibimos, en particular la Conmebol, que el Real y el Barca son en esencia equipos sudamericanos y que gran parte de lo bello que hay en el fútbol proviene de Sudamérica. Somos presa fácil del mercadeo y apoyamos equipos y sistemas de juego que no nos representan. 

Adoro ver hinchas furibundos de un equipo triste, quebrado, malo, en décima división, pero al fin y al cabo su equipo. El fútbol es una manifestación de arraigo hacia un lugar, hacia sus tradiciones y su gente. Dime de qué equipo eres y te diré quién eres. Si en China, o en EEUU, o en el Golfo Pérsico el Manchester Uniter vende camisetas como vender pan, se debe en gran medida a que la pasión por el fútbol en todos esos lugares no tiene un representante que los identifique como ciudadanos globales y que acapare las miradas del mundo. A esa situación responden haciendo gala de su capacidad adquisitiva. 

Pero el eje principal del fútbol mundial es Sudamérica. La Copa Libertadores era en mi concepto el mejor campeonato de clubes del mundo, el más emocionante, el más pasional, el que más expectativa generaba, el torneo que reunía más clubes grandes del mundo y por eso mismo el más impredecible. Era maravilloso terminar las noches entre semana con un partido de Libertadores o Sudamericana que era un espectáculo asegurado. El escándalo de corrupción que parece no terminar significó el ascenso de una nueva dirigencia marcada por la falta de carácter y el poco o nulo liderazgo que significa ser cabeza de la confederación más competitiva de la FIFA. Así se ha iniciado una era de progresiva y decadente imitación del fútbol europeo.

Si la Copa se juega en un semestre, la intensidad es mayor porque cada semana hay partido, hay más densidad de concentración, es más frenética, más emocionante, y lo mismo la Sudamericana. Jugar las dos copas durante todo el año es como jugar un mundial durante un semestre.

En Sudamérica el fútbol es natural, nace con las personas y se manifiesta en las calles, en las tiendas, en el fenómeno nacionalismo en cada uno de sus países. Ambos semestres eran palpitantes, cautivaban la atención de todo el continente y el mundo por la calidad de sus participantes y del fútbol que se desplegaba. 

Pero somos unos igualados. Lo que hacemos en Sudamérica no es lo suficientemente bueno y tenemos que copiarnos de un fútbol europeo que recalco, sin sudamericanos no sería lo mismo. Hoy la Copa (bodrio) Libertadores se juega en simultaneo con la Sudamericana como en Europa. ¿Alguien me puede nombrar cinco equipos que jueguen la Copa de Europa? ¿Alguien puede nombrar cinco equipos de la Sudamericana? Con este nuevo sistema, diariamente se juegan una cantidad enorme de partidos que no sé a qué copa pertenecen, con una cantidad de fases que no entiendo como operan y en dos torneos que van a tomar un año interminable. El fixture es un desorden. 

Al jugarse al mismo tiempo los dos torneos se restan importancia. La Copa Sudamericana es una especie de segunda división continental, un torneo que ni quita ni pone. Esta falta de amor hacia el fútbol sudamericano de los dirigentes del fútbol sudamericano fue identificada de inmediato por los clubes mexicanos que por supuesto se abstuvieron de semejante carnaval. Históricamente todos los clubes mexicanos habían sido competitivos en ambas copas e incluso Pachuca fue campeón sudamericano en 2006. Ellos han sido otros sacrificados de la limitadísima visión de los dirigentes sudamericanos serviles falderos de un fútbol al que le sobra dinero pero le falta corazón. 

¿Qué equipos juegan la Sudamericana? Ni idea. Un día canaleando vi que jugaban Patriotas de Tunja (Tunja queda en Colombia) contra Everton de Chile (no sé de qué parte de Chile sea), no sé si por Libertadores o por Sudamericana. No importa, ya no importa, es lo mismo. Solo los estadistas de la confederación y los económicamente beneficiados de que ambas copas se extiendan un año (la Conmebol vende los derechos de transmisión de la Copa) pueden estar al tanto de todo ese fútbol, que está lejos de ser lo que fue hasta el 2016. 

No me extrañaría que la Conmebol, ente que vilipendia como ningún otro el fútbol sudamericano, preocupada al ver que no nos parecemos lo suficiente, empiece a incluir equipos europeos tratando de enriquecer nuestro fútbol tan aburrido. ¡¡¡Oh un momento!!! Creo que ya hay una propuesta para modificar la Copa América de tal modo que incluya Selecciones más competitivas que las aburridas Brasil, Argentina, Uruguay, Chile o Colombia, por no nombrar las demás que hacen de las eliminatorias de Conmebol las mejores del  planeta.

Gracias Conmebol por sacarnos de ese primitivismo futbolístico en el que hemos vivido y por acercarnos al buen y único fútbol europeo. Podrían por qué no, jugar los partidos de Champions en Sudamérica y reemplazar esas anticuadas y aburridas Copas Libertadores y Sudamericana. Que por favor Europa nos enseñe a jugar fútbol. Que todas las escuelas de Sudamérica sigan el consejo tácito de la Conmebol y empiecen a jugar como un ajedrez. Gracias Alejandro Domínguez y Ramón Jesurún por menospreciar ese fastidioso fútbol sudamericano y hacer todo lo posible por eliminar las diferencias que hacían de las dos confederaciones un fenómeno único. Es más, que ni se juegue Libertadores ni Sudamericana, para la Conmebol con la Champions es suficiente.

viernes, 7 de noviembre de 2014

A Sao Paulo con Fútbol le alcanza


Vi el partido entre Emelec y Sao Paulo. Además de ser hasta el momento el mejor partido de la Copa, muchos detalles que llamaré provisionalmente "extrafutbolísticos" llamaron mi atención. Y les asigno este adjetivo porque si bien deberían ser inherentes al fútbol, hace mucho y en especial de esta parte del hemisferio que nos hemos acostumbrado a obviarlos, a excluirlos de la práctica habitual del deporte e incluso para algunos (la inmensa mayoría) pasan por recomendables.


Antes de detallarlos, vale la pena resaltar la calidad de los equipos que a su vez se reflejó en la calidad del partido, que por cierto tuvo de todo. Gol al primer minuto, Hack trick, dos penales, cinco goles, la incertidumbre de saber quién avanzaba a siguiente ronda hasta el final del partido, figuras de primer orden mundial (del lado de Sao Paulo) y una actitud de ir al  frente todo el partido tanto en Emelec como en Sao Paulo.

Pero eso todavía se encuentra. Todavía el Fútbol es tan benévolo como para regalar espectáculo incluso con los jugadores más inesperados. La actitud de los jugadores de Sao Paulo fue la inusual, la que me sorprendió. Empezando por cómo todos sus integrantes se ofrecieron antes del partido para remover de la cancha las cintas de papel lanzadas por los hinchas de Emelec. Todos los jugadores se pusieron en la tarea de extraer papeles como si fuera uno de los objetivos por los que trabajan durante la semana. Pero eso no fue todo.

Les pitaron dos penales. Está bien que los dos fueron inobjetables. Pero en oposición a como nos hemos acostumbrado con cualquier decisión tomada por el árbitro, ninguno reclamó, ninguno llegó vociferante a reprochar las órdenes del juez. Su cabeza estaba en el partido y no había tiempo para eso. 

Como tampoco lo había para ganar minutos ante cada falta o incluso para simularlas. Cada vez que un jugador de Sao Paulo fue al piso, obedeció a la fuerza de la falta, al rigor del partido. No se dejaban caer ante cualquier contacto. El espectáculo así lo ameritaba. Desde Rogerio Zeni hasta los delanteros, dan la impresión de ser un equipo noble, de pundonor, de que trabajan con miras a ganar en franca lid lo que ambicionan. 

Cada cambio de jugador para Sao Paulo es eso, un cambio. No una estrategia para ganar minutos, no la justificación para tirarse al piso y fingir dolores. Todos los jugadores que vieron su número en el cartel hicieron uso de sus arrestos y salieron del campo trotando, sin interrumpir el ritmo del partido aunque ello pudiera beneficiar a Emelec. A eso le llamo "gallardía".

Al final dignísimo ganador. Un equipo de deportistas que reivindican el espíritu del deporte y al hacerlo dejan sobre la mesa una reflexión para todos los cuerpos técnicos del continente. No exagero cuando digo que no recuerdo la última vez que un equipo de América prescindía de ese tipo de estratagemas para afrontar un partido. Es la oportunidad para despertar a la naturalidad con que se finge, con que se inventa, con que se falsea la esencia del deporte que tanto quiero. Hablo de cuerpos técnicos, porque hace parte de la formación del jugador evitar ese tipo estrategias. Si recurren a ellas es porque hasta ahora ningún formador les ha hecho indicaciones al respecto.

Si Sao Paulo juega a eso, a aprovechar cada instante del partido, lo hace desde la certidumbre de ser grandes, de saberse un equipo que confía en la honestidad de su trabajo. Me queda la impresión de que a Sao Paulo le alcanza con eso, no necesitan más.

martes, 21 de octubre de 2014

La Primera División

Yo me pregunto si todos los hinchas de Fortaleza, Uniatónoma, La Equidad, Águilas Doradas y Chicó juntos podrían colmar un estadio de asistencia media en Colombia, por poner un ejemplo el Hernán Ramírez o el Centenario de Armenia, o incluso uno de aforo pequeño como el Metropolitano de Techo. Yo me respondo que no, que son equipos sin hinchada y que ello les confiere la pragmática y simple condición de clubes deportivos. 

Su historia administrativa y deportiva es admirable. Porque alcanzar después de pocos años por el fútbol de ascenso la primera división y además mantener su lugar en la máxima categoría, aunque hayan pasado por todas las sedes del mundo, es un logro que no muchos han logrado y que incluso clubes encumbrados han sido incapaces de ejecutar. ¿Pero qué pasa con la pasión? ¿Dónde queda el apoyo incondicional, la alegría o la tristeza por la derrota, la comunión con el pueblo, las historias de los hinchas? Quiero hacer notar que en los equipos anteriormente citados no está por ejemplo Patriotas de Boyacá. Aclaro que no hago acopio de equipos chicos, cito equipos desarraigados, sin gente que los aliente o que encuentre en ellos un representante digno de la región. Patriotas es el equipo de la tierra y la gente lo quiere.

¿Tendrán estos equipos aficionados que esperen un partido con nervios o que celebren sus victorias? ¿Será que les duele una derrota o sienten rivalidad hacia su compañero de plaza o ciudad? Para mí, la respuesta afirmativa a estas preguntas responde en gran medida a la esencia del fútbol, o por lo menos a su ámbito más importante. Porque tampoco podría negar la dinámica del fútbol de ascenso, y que nuestra máxima categoría de cabida a equipos de rincones remotos o sin historia. De algún modo la heterogeneidad de sus integrantes dota al campeonato de un aura sanamente integradora, a costa de un nomadismo que se apodera de los nuevos integrantes de la categoría máxima, y de una nueva tendencia en la que crear un equipo y hacerlo parte de la liga depende exclusivamente de grupos inversores.

La simbiosis Club-Ciudad, el sentido de pertenencia hacia una institución deportiva es cosa de algunos en nuestra primera división. Hay una primera división dentro de la liga Postobón. Por otro lado, todos los clubes nombrados en el primer párrafo coinciden en tener orígenes disimiles al lugar en el que actualmente actúan como local. Son equipos trasplantados, ajenos en un campo que cumple como sede del calendario, no como casa. Salvo por los familiares de los jugadores y representantes de la corporación deportiva, no hay quién disfrute del espectáculo, no hay quién se alegre. Los partidos se juegan para cumplir un sistema de campeonato que exige que se jueguen, al margen del corazón del fútbol que en mi concepto es la pasión que genera. Qué haríamos con una final Fortaleza - Uniatónoma.

El Torneo Postobón o Segunda División es el otro polo. Cuenta en su haber con 8 equipos representantes de ciudades intermedias de Colombia, equipos con historia en el fútbol colombiano. A estos se suman clubes que en medio de su modestia son los portavoces deportivos de ciudades pequeñas. Si bien la comunión hinchada-equipo en ocasiones no dura más de unos años en razón a que las instituciones quiebran o son adoptadas por otra ciudad, inversionistas o grupos económicos, cascos urbanos intermedios como Villavicencio, Popayán o Montería han logrado decir presente en el mapa futbolístico colombiano en el marco de un equipo hecho de retazos y sin más historia que una firma o un negocio. El hecho de que jueguen segunda división es irrelevante. Nadie espera de ellos una notable actuación porque persisten y subsisten exclusivamente como entidades que representan sectores específicos del país, apoyados no desde el cariño filial al club de los amores, como desde el orgullo por habitar una localidad que ahora acoge fútbol profesional. 

Hay excepciones. O hubo excepciones. No se olvide por ejemplo que durante más de una década Alianza Petrolera fue el equipo de Barrancabermeja, o Águilas Doradas el equipo de Itaguí. Rionegro fue el equipo más longevo de la Primera B en su sede original hasta su traslado a Bello, que por cierto, también tenía equipo propio. Es inevitable preguntarse qué sentido de pertenencia puede despertar en los habitantes de Pereira un equipo como Águilas Doradas, como en su momento me pregunto por la recepción en Tunja de Chicó F.C.

De todas las formas en las que hemos adaptado el sistema argentino de campeonato, aún cuando su adecuación sea desfavorable, la más acertada (quizá la única) ha sido la democratización obligatoria de los clubes, entendiendo que los clubes son de los hinchas y no responden únicamente a la burocracia de un aval deportivo. Mírese el caso de equipos en su momento grandes que han sabido sortear los descensos y las crisis de la mano de sus hinchas, haciendo de sus epicentros barriales un centro de acopio y convirtiendo las dificultades en un reto local: Parque Patricios con Huracán, Caballito con Ferrocarril Oeste, Chacarita con su equipo homónimo. Si las ciudades y los hinchas no intervienen en el futuro de su equipo como entidad, no me extrañarán equipos como el Junior de Cartagena, o el Once Risaralda.

Sería injusto sin embargo culpar sin miramientos a las alcaldías o incluso a las administraciones de los equipos por ser incapaces de sostener perpetuamente un equipo cuando son evidentes las dificultades económicas, y más sin ayuda privada o municipal. No es esto ni mucho menos una perorata en contra de malas administraciones o una columna con el propósito de juzgar. Sí es en cambio un llamado a las aficiones para acoger como patrimonio de sus ciudades y sus municipios el equipo que los representa. En este sentido es de rescatar las advertencias de la Superintendencia de Sociedades y el ejemplo de Millonarios y Chicó, en el que por medio de acciones son los hinchas los propietarios de los equipos: las llamadas Sociedades Anónimas. La grandeza de las instituciones nace a partir de la comunión con sus hinchadas. Entre más se cultive esta relación, incluso ajena al marco jurídico implantado, más viable parece ser la prolongación de cada equipo como representante de una ciudad o por lo menos un sector. 

La Dimayor recién ha aprobado un nuevo sistema de campeonato con dos inquilinos más. Su propósito, incluir en la fiesta grande de nuestro fútbol equipos con hinchadas que representen ganancias por la reproducción de sus partidos por TV o el mercadeo que generan, bajo una forma de restitución a la mística que sólo producen ciertos equipos. Aplaudo la iniciativa, no sin decir que la historia de un grande incapaz de ascender por sus propios medios y sí por decreto se verá afectada, que las alcaldías o gobiernos centrales deben ejercer un papel más importante en la formación de un equipo y en su relación con la población, que habrán muchos partidos de la Primera división que no voy a ver ni loco y por último que la historia importa, como importa la pasión. No tengo nada en contra de los equipos que nombré, de hecho, me resultan tan indiferentes que si están en primera o segunda división me da lo mismo.